Hagas lo que hagas, ponte bragas

Me gustaba mucho ver House porque el personaje tenía un carisma único, era audaz, atrevido, y por encima de todo, sincero. Aprendí hace años que en las relaciones no hay que cometer sincericidio, pero tampoco me gusta la mentira. Así que vivo en un impasse continuo entre decir lo que siento u omitir información.

Últimamente he oído muchas cosas. Que aparento menos edad de la que tengo, que soy muy natural (a lo que yo respondo como los desastres), que tengo las cosas claras, que tengo ciertas habilidades, que soy espontánea, que soy divertida, que hablo las cosas como son y no las adorno. Ahora ya no sé qué parte de todo eso es verdad o no. Ha sido un golpe extraño, como despertar de repente de un sueño agradable, del que no quería despertar, y no sólo lo han hecho bruscamente, es que me han dado una buena bofetada.

Soy confiada, un poco ingenua, busco la sencillez de pensamiento para poder entender el comportamiento humano. Pienso que la gente no puede ser tan retorcida, que no son tan estrategas, que jugamos al mismo juego con las mismas reglas. Error. En los juegos de seducción al final uno mira por sí mismo, prevalece no querer sufrir ni pasarlo mal aunque nos perdamos a un ser maravilloso, anteponemos nuestro dogma y racionalizamos cada paso y cada palabra que da el otro sexuado. Es agotador si lo analizas detenidamente. Pero los hay que eligen no dejarse llevar, por miedo a un fracaso, eligen perderse algo bueno que está por llegar con tal de no confirmar que realmente no era tan bueno.

En esto de seducir no hay normas, o más bien hay tantas como personas participen. Cada ser individualizado tiene sus armas y su artillería con la que jugar, porque que a nadie se le olvide que esto es un juego. Sí, a veces puede ser un juego cruel, por supuesto siempre hay heridos, siempre hay bajas, incluso puede haber muertos. Metafóricamente hablando, tranquilos.

Yo he querido jugar con la inocencia y la frescura del desconocimiento. He querido participar en algo que me quedaba tan lejano que apenas recordaba cómo se hacía. He querido subirme al carro de la emoción, de descubrir lo desconocido, de entender al Otro, de analizar comportamientos, de comprender estructuras. Y ha sido como vulgarmente se conoce darme con la primera en la frente. También que mala pata no haberlo visto antes. Pero el tiempo juega conmigo, incluso a veces siento que se descojona de mí.

No pasa nada. Son batallas perdidas en la maldita guerra eterna de los sexos. Jugar a ver quién es más frío, más estratega, más racional, menos impulsivo, menos espontáneo. Adivinar lo que desea el otro es algo que requiere mucho conocimiento sexológico, que ni yo poseo. Así que como para esperar que cualquiera de ellos lo tenga.

Se cierran puertas, se abren otras. Hay dos caminos. Uno, darse de baja, seguir con tu forma natural de relacionarte, esperar que el destino te ponga en contacto con personas más reales, avanzar despacio para que dé tiempo a contemplar el paisaje. Dos, armarte hasta arriba de caretas, coger todos los disfraces que tengas a tu alcance, comprar las mismas armas y jugar al Risk, conquistando de manera superficial territorios nuevos, sin adentrarte a encontrar posibles tesoros preciados, eso no importa. Lo importante es la cuenta, sumar. Y sobre todo no cometer sincericidio.

 

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Nymphomaniac (extractos del film)

Siempre he dicho que en mi vida he llegado tarde para muchas cosas. Pero eso ahora no viene al caso. Con los libros y las pelis por el contrario, no me pasa eso, me llegan en el momento justo, como si el destino supiera en qué momento las voy a entender, o captar, o sentir mejor.

Eso me ha pasado con Nymphomaniac, de Lars Von Trier. Tenía varias para ver de él, ya que Dogville me gustó tanto cuando la vi hace años, y además ha sido una peli incomprendida. Melancolía, he de reconocer que se me hizo un poco lenta, aunque la historia en sí también es preciosa, con esa manera suya tan peculiar de contar las cosas.

Pero ésta, ha llegado a mí en el momento justo. Sin entrar en lo poco o mucho que me identifico con la protagonista. Hace años la tenía pendiente pero anoche la vi alentada por un amigo que me comentó que Shia LaBeouf folla realmente en una escena. (Por internet circula que en realidad son actores porno). Y como me ha gustado tanto voy a poner unos extractos que creo deberían ser dignos de reproducirse sucesivamente y de obligada lectura por parte de toda persona que se considere inteligente. Reconozco que sin el máster de sexología quizá me costaría un poco más entender algunas partes, pero al verla después de finalizarlo, considero que he captado todo lo que tito Von Trier nos quería transmitir acerca de la sexualidad de cada uno y de las peculiaridades. Además de ser un alegato feminista en el discurso final que prefiero no transcribir, para que os pique la curiosidad y veáis las películas vosotros mismos (son dos volúmenes).

 

– Me reprendía a mí misma por verlo bajo esa misma luz.

– El amor es ciego.

– No, no, no. Peor aún. El amor distorsiona las cosas. O peor aún, el amor es algo que uno nunca ha pedido. El erotismo era algo que yo pedía o incluso exigía a los hombres. Pero aquél amor estúpido… me sentía humillada por ello. Y por la falta de honradez que implicaba. El erotismo se basa en decir sí. El amor apela a nuestros instintos más bajos. Los envuelve en mentiras. ¿Por qué dices sí cuando quieres decir no, y viceversa? Me avergüenzo en lo que me convertí, pero no podía controlarlo.

 

(Contexto: diálogo entre ella, que es ninfómana y él, que se considera asexual*. Hablan de los iconos religiosos)

– Los iconos suelen relacionarse con la iglesia oriental.

– Cuéntame.

– Verás, la iglesia cristiana se escindió en 1054 debido a las diferencias entre la iglesia oriental y la occidental, a las que hoy llamamos iglesia ortodoxa e iglesia católico-romana. Y éste es un icono típico de la iglesia oriental. Suele mostrar a la virgen María con el niño Jesús y alguna vez la crucifixión, que era mucho más corriente en la iglesia occidental. Por regla general se podría decir que la iglesia occidental es la iglesia del sufrimiento y la iglesia oriental la de la felicidad. Si nos imaginamos un viaje de Roma hacia el Este nos alejamos de la culpa y el dolor e iremos hacia la alegría y la luz.

– Pero tú has dicho que no crees en Dios.

– No. Pero el concepto de religión es interesante, como el concepto del sexo. Pero no me verás de rodillas en ninguno de los dos casos.

(*Asexual es un término que se confunde. Podemos ser asexuales en cuanto a que no mantenemos encuentros eróticos con otras personas, nunca podemos ser asexuados).

 

– Me imagino que la discusión habría empezado ya en las escaleras, y que uno de los hombres habría reclamado ya uno u otro de mis agujeros. Con lo que entró en conflicto con los intereses de su hermano negro.

– No deberías usar esa palabra, no es políticamente correcta. Negro.

– Disculpa pero en mi ambiente siempre hemos hecho gala de llamar a las cosas por su nombre. cada vez que se prohíbe una palabra retiramos una piedra de los cimientos democráticos. La sociedad demuestra su impotencia frente a un problema en concreto suprimiendo palabras de su lenguaje.

– Creo que la sociedad alegaría que la corrección política es una expresión muy precisa de la preocupación democrática por las minorías.

– Y yo digo que la sociedad es tan cobarde como las personas que la integran, que en mi opinión son además demasiado estúpidas para tener una democracia.

– Entiendo tu opinión pero discrepo totalmente. No dudo en absoluto de las cualidades humanas.

– No, las cualidades humanas pueden describirse con una sola palabra: hipocresía. Elevamos a los que hablan bien y tienen mala intención y nos burlamos de los que hablan mal y tienen buena intención. Por cierto te aseguro que las mujeres que afirman que los negros no las excitan, mienten.

 

-¿Hiciste qué?

-Le hice una mamada

-¿Por qué? A ese cerdo

-Me dio pena de él

-¿Pena?

-Sí. Acababa de destrozarle la vida. Nadie sabía su secreto. Probablemente ni siquiera él mismo. Se quedó allí avergonzado. Supongo que chupársela fue una forma de pedirle disculpas.

-¡¡Es increíble!!

-No escúchame, era un hombre que había logrado reprimir su deseo. Que nunca se había dejado llevar por él. Hasta que yo se lo sonsaqué había vivido toda su vida engañándose y jamás había hecho daño a nadie. Creo que era encomiable.

-Por mucho que me esfuerce no encuentro nada encomiable en la pedofilia.

-Porque estás pensando quizá en el 5% que de verdad hace daño a los niños. El 95% restante nunca hace realidad sus fantasías. Piensa en su sufrimiento. La sexualidad es la forma más poderosa del ser humano. Nacer con una sexualidad prohibida debe ser angustioso. El pedófilo que consigue vivir con la vergüenza de su deseo sin ponerlo nunca en práctica se merece una puta medalla. Pero había otra razón para mi comprensión, esa comprensión que tú no entiendes. Vi a un hombre que cargaba con la misma cruz que yo: la soledad. Éramos marginados sexuales.

 

por el camino voy, piedras encuentro.

 

Mantener la sonrisa como actitud ante la vida, ante los contratiempos, ante las injusticias. A veces no es fácil. A veces me empeño en sonreír pero la nube que ronda mi cabeza no me deja. Una nube gris, espesa, masticable, que cada día va creciendo. Una niebla que llega con pensamientos oscuros.

Me miro a mí misma, me introduzco en mis pupilas, me busco, me encuentro. Me gusta el reflejo. Por fin, después de tantos años sin mirar el espejo, ahora ya lo atravieso.

Pero el nudo de la garganta me impide tragar. Y una lágrima brota de mi ojo. La dejo que asome, pero que no baje por mi rostro. La contengo como a un perro atado a una cuerda ansioso por ir a por ese palo. Si la dejo escapar vendrán más con ella, y no quiero empezar a brotar.

Desde hace años me dije que iba a buscar mi camino a la felicidad, y en esas estoy, pero siempre hay algo que falla. El yoga me ayuda a controlar la ansiedad. El nudo de la garganta baja por el estómago. La música me ayuda a no pensar, quedar con gente me ayuda a no pensar. Hablar por whatsapp me ayuda a no pensar. Sí, lo admito, renegué de él tanto… ahora es mi ventana a lo desconocido y a los conocidos. Pero ya nadie me controla mi última conexión, ni me escriben insultos. Ahora sólo leo palabras bonitas, conversaciones entre amigas que dan para varios libros eróticos. Muchas risas.

Me gusta mi barrio, me gusta mi casa, me gusta mi independencia, me gusta mi libertad de entrar y salir, de hacer y deshacer, de quedar o pasear en soledad. De gritar, de bailar, de reír. He hecho las paces con Madrid. Le estaba cogiendo el gusto. Me encanta conocer gente, y quiero seguir conociendo. Y conocerte más. Y conocer a más. Pero si mi futuro se tuerce como la nube a veces me hace ver, tendré que coger la maleta e irme. Probar suerte en otro sitio. Y me va a dar mucha pena. Stop. Contención. Respirar hondo, pensar cosas bonitas. Tus ojos claros me ayudan. Tu sonrisa perfecta me viene bien. Tus ganas de cenar conmigo me alientan. Tus ganas de que nos veamos en persona me animan. Tus manos son un chute de energía.

Ya ha pasado. Despejo la nube, un rato, se aleja. El teléfono sigue sin sonar. No entiendo qué hago mal. Tarde. Brotaron varias. Surcos por mis mejillas. La gente es la ostia. Tienen confianza plena en mí, me animan cada día porque tarde o temprano llegará. Mi tiempo se acaba. Tengo suerte de tener un respaldo, pero es uno breve, a corto plazo. No me quiero ir joder. Ahora no.

Ya he bajado el listón, ya me vale cualquier cosa, y ni con esas. Yo que apagué siempre el móvil por las noches para que nadie me molestara, ahora cada mañana me despierto pero siempre es lo mismo: mensajes, correos electrónicos, gente maja que se acuerda de mí y me manda más ofertas, a las que echo a todas y cada una aún sabiendo que no doy el perfil. Pero cero llamadas. No desesperes me dicen algunos. Lo sé. Tarde o temprano saldrá algo. Eso quiero. Me gustó el sabor salado de las lágrimas desde niña.

Otro lunes al sol, y otro martes que vendrá. Un amigo me ha escrito: no es porque no valgas, seguro eres excelente profesional, simplemente no te conocen, ni hacen por conocerte, eres un número más. Y me han dado ganas de derrumbarme y abrazar a la primera persona que ha pasado por mi lado. Pero no he hecho ni lo uno ni lo otro. Soy más de llorar bajito, en el calor de mi habitación. La magia atrae la magia, me dice otro amiga, y estás en un momento mágico. La pena que no creo mucho en la magia.

El cine es una buena escapatoria a los malos pensamientos. Tengo varias pendientes. Mañana… ya pensaré.

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