No soy de hacer flexiones


Yo no soy de hacer flexiones. Siempre me costó un poco ciertos ejercicios, sobre todo los que hacemos con los brazos, porque tengo brazos de una muñeca de trapo.

A mí se me dan mejor las re-flexiones, que son parecidas solo que usando el cerebro. O una parte de él al menos.

Como paso muchas horas de soledad a lo largo del día, y de mi vida en general, me gusta eso de pensar y repensar y volver a pensar. A veces me imagino viviendo en la época de Platón, Aristófanes, Sócrates, etc, dándome un buen Banquete con ellos. Imagino tardes largas de conversaciones densas con humo de pipas alrededor y un buen vino en la mano. Y hablando, claro, porque lo que me gusta darle a la lengua, y hablar ni te cuento! Mi madre de pequeña me decía que por favor dejase de hablar un poco que ya la cansaba, en mi cole las profes me castigaban con 100 veces “no se habla en clase”, hasta un día probé a hacerlo debajo del agua pero tragué demasiada y le cogí un poco de miedo.

No sé por qué he pasado tanto tiempo sola, no me disgustaba la verdad, era lo que había, y a veces hasta lo buscaba. Porque hubo un tiempo en que me sentía muy diferente a los demás y como fuera de lugar, y para oír idioteces prefería estar a mi bola. Luego a veces son las circunstancias, trabajos donde no te relacionas con nadie porque estás sola por el pasillo colocando ropa de bebé; trabajos donde tenía que llamar a las puertas de las casas para que me firmaran un papelito; trabajos donde revisaba mis encuestas sola porque sola las iba a hacer; trabajos donde no tienes compañeros en la oficina; trabajos donde no podías levantarte del puesto porque el jefe te echaba la bronca. Aunque siempre he dicho y diré que la soledad buscada es un aprendizaje, pero la obligada es una tortura.

Hace poco con una amiga estuvimos hablando de los amigos imaginarios. Yo tenía aunque no sabía que era un fenómeno infantil. Simplemente al jugar tantas veces sola necesitaba un feedback y mi cabeza se dividía en dos para poder hablar con alguien. El problema venía que a veces no era en dos, sino en más, y entonces me hacía bastante lío y ya no sabía quién era yo. Pero eso se pasó, creo, sí que te lo crees tú, que sí que ya no hablamos con nadie más.

Hay gente que prefiere no pensar demasiado, porque el cerebro al ser un músculo también sufre, como cualquier otro, y le dan agujetas, pinchazos, tirones, luxaciones, contracturas… lo que pasa que coloquialmente se llama de otra manera, ahora no me viene, seguro que luego me sale solo.

Yo lo respeto, ¿por qué no? ¿quién es nadie para decir cómo ejercitar su cuerpo? Además que pensar mucho no es muy recomendable, que luego empiezas a decir cosas coherentes y la gente se asusta y dice a ver si me vas a sacar de mi burbuja que vivo tan feliz en mi ignorancia. Faltaría más.

Bueno pero para el que quiera leer mi reflexión de hoy, ahí va:

¿No os parece a veces que el símil de la vida y el tren es bastante cojonudo? Cada persona tiene su tren, y desde que nace se monta en uno, un pequeño vagón lleno de cariño y afecto. y a medida que va creciendo el vagón se hace más grande, y caben más personas, pero en ese viaje hay curvas, túneles, montañas, ríos y páramos (no sé si de asceta), y vas parando en estaciones donde nos van ocurriendo cosas, y a ese vagón a veces se sube gente que te va a acompañar por mucho tiempo, y otros que suben solo unas estaciones y después ya no vuelves a ver, y otras veces bajan a descansar a un apeadero y tiempo después te los encuentras en otra estación y se vuelven a montar contigo. Lo que está claro es que el tren es imparable, siempre está en movimiento, a veces más lento, otras más rápido, y cuando mueres, justo antes de irte para siempre, miras atrás y ves el tren que has llevado, sus daños causados por los golpes de la vida, las reparaciones, las alegrías que te acompañaron, los recuerdos. Nos morimos solos pero vemos todas las caras que hicieron el viaje con nosotros (si quiere gozar), y entonces es ahí, un minuto antes de bajarnos definitivamente, cuando tenemos la gran pregunta: no, no es si quieres ser millonario. ¿Viviste la vida que quisiste vivir? ¿Mereció la pena el largo camino? Si la respuesta es sí, te bajas; pero si la respuesta es no puede ser que te den otro tren, otra oportunidad, y entonces vuelves a recorrer otro camino.

Como nadie ha venido de la muerte para decirme que no es verdad, nadie puede decir que esté mintiendo
 Así que yo me quedo con ese tren que es lo que he elegido. Cada persona tendrá su símil en la vida, pero sinceramente el del tren me parece muy acertado. 

 

 

 

*Un apunte, será por eso el dicho popular de estás como un tren? o el de tu cabeza va como una locomotora?  

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. erikmadsen89
    Sep 09, 2015 @ 22:26:12

    Me ha sorprendido tu entrada porque, al margen de que me guste el contenido, la segunda parte me ha recordado mucho a lo último que he escrito hoy mismo :-).

    Responder

  2. IsillaLM
    Sep 11, 2015 @ 11:02:56

    vaya qué casualidad!! acabo de leerlo. Es verdad que somos muchos los que andamos por la red, y escribimos continuamente de casi todo, pero me encantan estas extrañas coincidencias! 😀

    Responder

tengo que decir...

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