repaso de un año lleno de emociones :)


Quedan horas del 2015. Por primera vez en mucho tiempo no quiero que termine un año. He intentado estirarlo al máximo,  parece mentira que el año se acabe. Si pienso dónde estaba el día 1 de enero, y todo lo que pasaba por mi cabeza, mis miedos, mis dudas, mis angustias. Pero al final la nube se fue disolviendo.

A grandes rasgos puedo decir que ha sido un gran año. He tenido días grises, pero los menos, muy pocos. Lo que más he tenido ha sido estabilidad, algo que no poseía desde hacía tiempo. Tranquilidad, quietud, calma, paz interior. Todo muy zen la verdad. Lo necesitaba y lo he buscado como agua en el desierto. Han sido 365 días llenos de cosas buenas; he viajado todo lo que la economía me ha permitido, me han publicado algunas cosillas, sigo formándome en lo que más me gusta del mundo mundial, la sexología; he compartido buenos momentos con buena gente…

Aunque intente pensar en cosas malas no me salen. Tengo un montón de recuerdos pero todos son positivos: cumpleaños con la famili; excursiones con los enanos; conciertos de amigos y conocidos; Amsterdam, los coffee, los paloselfis, los golpes con la cámara, jajajaja; Donosti, sus playas, sus rincones, sus pintxos, sus licores, sus caminar de un lado a otro, sus fotos, sus más fotos, sus Mari Carmen!!, su montaña rusa que engaña; Plasencia, el pájaro azul, Monfragüe, las vistas, los sudores subiendo montañas; aire fresco y renovado en Madrid con muchos cambios e ilusiones; Vellisca, amigos de siempre, risas, reencuentros; sol, calor y playa, el azul de Xilxes, el olor de los barros de Murcia (el olor era ascazo puro, pero nos reímos tanto!), Almería y sus calas, sus playas nudistas pero que no, sus cockteles bajo la luna y al lado del mar; conciertos entre ellos el gran Rosendo; reuniones familiares; quedadas con compis de uni, máster, módulo, insti, con los amigos de toda la vida, ver a mi mexicana de adopción dos veces este año!, recordar buenos momentos de antaño; copichuelas de vez en cuando, comilonas más a menudo; besitos de Dante, mordiscos de Dante; ilusiones cumplidas, ver a tu gente feliz, ver que se cumplen sus sueños de trabajo, independencia, mejora salarial, hijos, salud; descubrir misterios del universo, de la antigüedad, alimentarme con programas como Órbita Laika; leer mucha literatura erótica, descubrir que la sexología no es un invento reciente y que en realidad todo ya estaba inventado; seguir conociendo otras realidades, aprender cada día de mi trabajo. Y una cosa muy importante, que dejo para lo último, descubrir que me aguanto a mí misma, que puedo estar en la más absoluta soledad y no morirme de angustia, mientras pinto mandalas y vuelvo a la infancia, o escucho música hasta aprenderme las letras, o me pongo a bailar con mi gato hasta que me muerde porque se quiere ir, o simplemente tocarme el higo con mucho gusto sin hacer absolutamente nada más.

Dentro de mis objetivos para 2015 he cumplido muchos, no obsesionarme con las cosas, no tener ira, discutir lo menos posible, no preocuparme por quien no se preocupa por mí, dar importancia a las cosas que realmente la tienen, relativizar las cosas, contar hasta 6 antes de hablar (esto me cuesta mucho, pero en ello estoy), disfrutar cada momento, hacer lo que realmente me apetece, no enfadarme por tonterías, ver el lado bueno de las cosas y de la gente, porque aprendo hasta del que no tiene nada que enseñarme, seguir en Yoga y esforzarme todo lo que pueda, aprender a traducir lo que mi cuerpo me cuenta, no llorar! con lo llorona que soy, es impresionante lo bien que llevo esto de no llorar por todo, no sabéis lo reconfortante que es, no darle vueltas a un tema hasta el infinito, ser generosa con lo que puedo y tengo a mi disposición.

Evidentemente no todo es de color morado, claro que en 365 días no puede ser todo paz y amor, externamente a mí han pasado muchas desgracias, a gente de este mundo que no conozco pero también a conocidos y amigos. También he notado cierto distanciamiento en general, quizá por decisión propia, quizá influye mi manera de ser independiente, quizá que a veces meto la pata con mis discursos y palabras, o porque cuando me pongo en modo troll soy insoportable, quizá se sienten ofendidos por algo que yo no he visto todavía, quizá sean pajas mentales mías. Antes me esforzaba mucho por no perder lo que tenía, porque lo valoraba y lo apreciaba. Pero por el bien de mi salud metal decidí recorrer un camino, y ese camino mayoritariamente lo haría sola, con un montón de sillones para quien quisiera montarse y viajar conmigo, repartiendo tickets para quien le apeteciera un paseo, una aventura o un acompañamiento, pero sin atosigar a los viajeros, sin estar encima de ellos, sin que sintieran obligación de nada. Y me va bien así, la verdad, los compromisos agobian a la gente, mejor sentirte libre de compartir tiempo y espacio con quien te dé la gana.

No sé si la felicidad es un objetivo absurdo como oí una vez, donde el hecho en sí de desearlo hace que te agobies por no conseguirlo. No estoy de acuerdo. Yo quiero ser feliz por encima de todo, y esa felicidad se consigue de muchas maneras, y en ese camino estoy. Me alegran las alegrías de los demás, tengo la suerte de no ser envidiosa, cualidad que más detesto en el ser humano; sé que analizo todo demasiado y que le doy tres vueltas a las cosas, pero también me gusta pensar que no hay una verdad absoluta, y que la razón no es más que un punto de vista. Siempre he defendido al que creí más indefenso, intento ponerme en las pieles de otros aunque a mí no me afecte lo más mínimo, porque siempre tengo presente que cualquier día eso que le pasa a ese que no conozco de nada, me puede pasar a mí. Y mis miedos, mis complejos, mis defectos, que son muchos, tenerlos presente para no perder el norte, para aceptarlos y mejorarlos en la medida de lo posible. Sé que por el camino se pierde mucha gente, que las cosas no salen como uno a veces quiere, pero no creo que una persona se pierda para siempre, simplemente está en modo ausente hasta que el tiempo decide volver a ponerlo en tu camino.

No sé qué me deparará el 2016, por un lado hay algo dentro de mí que me grita que será un buen año, por otro tengo miedo de no cumplir con los pocos objetivos que tengo, pero al menos nunca podré reprocharme que no lo intenté, porque darme por vencida es algo que no quiero hacer nunca. Pase lo que pase intentaré estar preparada, para la tormenta, para la quietud, para lo desconocido y lo extraño. Y si hay una cosa que tengo ganas que llegue es verle la cara a mi nuevo sobrinx, pero quedan 183 días para que eso llegue. Y no quiero perderme ni uno solo de ellos.

 

imagen descriptiva de cómo esperar a la vida que llega

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