La DEMOCRACIA no existe


A veces las cosas pasan porque sí, sin más. Sin ser muy conscientes de cómo han sucedido. Me gustan esos momentos en la vida donde después de mucho preguntarte la respuesta viene sola, cuando dejaste de buscarla, cuando dejaste de pensar en ella. 

Llevaba tiempo descontenta con el sistema parlamentario que tenemos, con la forma de formar gobierno, con la manera en que representan al pueblo los partidos. Sinceramente tampoco me puse a investigar en ello, ni a buscar una alternativa. Me he manejado como he podido con las herramientas de que disponía a mi alcance. Votar no era una obligación legal, pero sí parecía moral, y más siendo mujer. Al menos ese era el argumento preferido y más usado por mis amigas. A votar se va leído, pero precisamente leyendo cada apartado había cierto descontento en mí, promesas incumplidas, sueños rotos, otra vez la desilusión de que te fallen. 

Es como si desde hace tiempo me hubiera dado cuenta de que algo fallaba sin saber muy bien el qué, ni cómo nombrarlo; algo no marchaba bien, de qué me servía meter un papel en la urna si realmente ese político nunca iba a ser Presidente, de qué me servía meter un papel en una caja si luego ese partido iba a robar, menos que otros, sí, pero a robar al fin y al cabo. De qué me servía si el cabeza de partido me parecía buena persona y luego el resto del equipo unos auténticos miserias. 

Las reacciones no se hicieron esperar, “¿Cómo no vas a votar ahora que es el mejor momento?”, “¿Cómo no vas a votar si ahora es cuando más opciones de elegir tenemos?”,  “¿Cómo no vas a votar si tú eres de las que más habla de política?”. “Pues si no votas luego no te quejes”. Y así una sarta de gilipolleces varias.

Intentaba explicarlo de la mejor manera posible, “no me siento representada”, “no siento que podamos hacer demasiado si Merkel decide sobre el resto de Europa y EEUU sobre el mundo”, “no creo que meter un papel en una caja cambie las cosas, las cosas cambian cuando el pueblo se pone en pie y dice basta”. Pero nada oiga, que no había manera. 

Y yo entonces ¿a qué me convertí? ¿a apolítica? no era posible, es como ser sexuado, que no puedes no serlo. ¿Ácrata, anarquista, pasota? No me gusta definirme porque la definición delimita, y somos complejos en nuestra sencillez como para ponernos fronteras. Tengo ideales, utopías, sueños, creo que hay otra forma posible de entender y de vivir el mundo, pero quizá no había encontrado nada con lo que sentirme reflejada, o sentirme identificada, o que explique mejor lo que siento. 

Pero entonces llegó Youtube, ese maravilloso minimundo de los tutoriales, de las explicaciones sencillas, de resúmenes de historia, de vivencias personales que te hacen sentir menos raro, de respuestas plausibles con argumentos lógicos a preguntas no demasiado fáciles. Y sin quererlo, me dieron la respuesta que estaba buscando: la democracia no existe. Menudo peso me he quitado de encima, ya pensaba que era una tipa rara, una loca de la colina, una cabeza amoral sin sentido. ¿Y por qué no existe la democracia? porque esa palabra significaba una cosa, pero la robaron para definir otro estado, y el original pasó a la historia, a una historia que no interesa que se sepa. Una historia relegada al último rincón, en el apartado de las conspiraciones, con la compañía de los crédulos, que casualmente es donde más a gusto me encuentro. 

Yo entiendo los mensajes, pero me cuesta transmitirlos, y si ya está bien explicada una cosa para qué andar redundando. Os dejo el vídeo de cómo conocí a vuestra democracia, y las conclusiones os las dejo para cada uno y cada una. Hacer vuestra propia reflexión, y no me digáis que no es lo más acojonante/indignante que habéis visto y oído en mucho tiempo. 

Gracias al equipo de @WHYMAPS, a @sdepazos y @bruteix por haberme regalado este descubrimiento, que vino tontamente al azar leyendo una conversación en Twitter que nada tenía que ver con el tema, un enlace que me llamó la atención, y así una cosa llevó a la otra, como pasa siempre. Quiero más.

El saber no sé si ocupa lugar, pero te hace un poquito más libre.

De todos los años que pudo haber nombrado, ¿tuvo que ser el mío?

 

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