Proyecto: motivos para estudiar. El porqué.

Todo empezó a fraguarse aquél 10 de marzo, ¿os acordáis? Tenía una idea que me rondaba: plantar semillas del conocimiento, especialmente a mis sobrinos. 

Pues bien, 5 meses después he aquí el resultado. Un vídeo de casi 20 minutos dando razones de por qué estudiar es importante. No, no me tiro yo 20 minutos hablando (casi!). El pequeño proyecto lo he podido realizar gracias a mi constancia, a ser pesada y a pedir favores, y ha habido gente que se ha apuntado al carro. Me encanta la gente predispuesta a colaborar en ideas bonitas. Me encanta que la gente me diga: me muero de vergüenza pero me parece una idea tan cojonuda que me sumo. No me quedaré con la gente de la que esperaba algo y al final no hicieron nada, porque seguramente sus razones tendrían. No todo el mundo tiene el valor, las ganas o el tiempo para dedicarlo a estas locuras.

Y es verdad que los 12-13 años son algo complicados a escala adolescente, porque sienten la presión de tener que estudiar pero muchas veces no sienten la motivación. ¿Y cómo podía yo motivar a esta generación milenial? A esta generación que ha crecido con un móvil en la mano y una cámara digital en la otra. A esta generación que alcanzan niveles de seguidores en Instagram que asustan. Pues con un vídeo de Youtube, su plataforma digital predilecta.

Reconozco que me daba entre miedo y vergüenza. Me animé a pedirle a la gente que mandara material y yo ahí sin grabar nada. Tenía millones de ideas en la cabeza respecto a efectos de edición y de cómo hacerlo, pero cuando me puse a ello fue más complicado de lo que mi imaginación creyó.  Aún así me doy por satisfecha, y valoro todavía más a la gente que se dedica a subir vídeovlogs a plataformas como YT porque tiene un trabajazo impresionante.

Y por mi cabeza pasaban pensamientos como: vas a hacer el ridículo, vas a hacer una cosa de estas que dan vergüenza ajena, vas a hacer que se aburran, que deseen llegar al final. Mi cabeza siempre tan alentadora. Tras varias semanas editando, cortando, cambiando, colocando, (ni siquiera manejo el lenguaje técnico) salió algo que no me pareció tan cutre. Siempre positiva. Puede que sea un poco lineal y algo soso, puede que le falte más chispa para captar la atención de adolescentes sobreestimulados. Pero he hecho lo que he podido y con los materiales de que disponía. 

Mis sobrinos han hablado. Bueno más o menos. Alba ha dicho que molaba, pero no he podido hablar con ella en persona porque está con las recuperaciones. Marcos dice que le ha gustado mucho, que se ha suscrito a mi canal. Ja ja ja, un suscriptor!! si es que me lo como. Y a mis hermanos les ha molado más claro, porque ellos sí lo ven con los ojos de adulto, ven algo creativo que anima y motiva, y va dirigido especialmente a sus hijos. Y la gente que me ha dado feedback en general son positivos, reconocemos todos que es algo largo y lento, pero la gente habla como sabe y puede, y graban además desde sus casas o lugares de trabajo, vamos que han hecho bastante la verdad. 

Yo no he creado esto para que se haga viral o algo así, porque además el mundo virtual da bastante respeto, ya que te expones a todo tipo de comentarios gratuitos, en ocasiones muy bestias. He creado esto porque quería hacerles llegar a los más jóvenes que tienen un camino un poco difícil pero sin lugar a dudas lleno de emoción y sabiduría. Y entre todxs los que hemos participado la intención general era la idea de transmitir experiencias vitales. A veces nos fijamos más en ejemplos cotidianos que en lo que nos dicen la familia o la escuela.

Esperemos que las semillas den esos frutos que tanto queremos, pero como digo al final, si no es así, no va a pasar nada, porque yo les voy a querer hagan lo que hagan. 

nacimiento

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la dulce Sara

 

Sara tiene casi 7 años. Es la pequeña de su familia. Sara es muy despierta, le encanta jugar e inventarse canciones mientras baila al ritmo de una música que sólo existe en su cabeza. Tiene una mirada tierna que te provoca una subida de azúcar instantánea. Siempre sonríe y está dispuesta a ayudarte. No duda en lanzarte un piropo cuando te ve y si algo no le gusta no te lo dice, ella se calla y espera a que se te olvide que la estás preguntando si quiere probar el pan de molde. Sí, porque a Sara  no le gusta el pan de molde, ni el ketchup, ni las pizzas. No es una niña al uso respecto a las comidas. Pero aunque haya batallas diarias con ella en esa cuestión, es tan agradable en lo demás que se lo perdonas.

Sara no sabe cómo nace un bebé. Pero asiste al nacimiento de su prima Ainara. Sara, junto con su padre, tíos, abuelos y demás familia, espera en una salita del hospital mientras juega con su primo Unai, el hermano de la protagonista. Le pregunto a Sara si quiere ver cómo nace un bebé, a lo que Marcos, su hermano, contesta que él ya lo ha visto y le dio mucho asco. “Pero yo no te voy a poner un vídeo con sangre y dolores, ya verás qué chulo”. 

Mientras ven el vídeo, Unai pone cara de no saber muy bien lo que está viendo. A Sara le explico que hay unas células tanto en el hombre como en la mujer que al juntarse crean una sola célula, y que de ahí tras un proceso largo, se crea un bebé como su primita. Sara parece bastante convencida con mi explicación y asiente firmemente y seria, porque sabe que lo que le estoy explicando es importante. Cuando el vídeo acaba se quedan todos callados, como analizando lo que acaban de ver. “Y por la vulva que es ésta sale la cabeza, ¿veis?” “Aahhmmm” “Jolín eso debe de doler” dice Marcos. “Eso de ahí es el cordón umbilical” “¿Y para qué sirve eso?” pregunta Sara intrigada. “Para que coma el bebé, los bebés mientras están en la tripa comen por el ombligo” “¿En serio?” dice ella con ese tono de voz tan peculiar suyo, que le sale cada vez que no da crédito de algo. “En serio” sentencio, “y luego el cordón se corta y se crea el ombligo” “Ahmmm”

Al rato mientras vamos a por unas flores para la madre reciente miro a Sara y le pregunto “¿ya sabes entonces cómo nace un bebé?”, “sí”, responde. “¿Y para qué sirve el ombligo?” “Para que coma el bebé”, contesta sin dudarlo. 

Y así termina una pequeña clase de sexología sin que los niños sepan que es sexología, ni qué es sexología siquiera. Sin necesidad de cigüeñas, flores, abejas o polen. Sin necesidad de mentir ni de cubrirse ni de esquivar el tema. Sin mencionar la palabra reproducción ni contarle lo que hace una pareja para tener hijos. Sin necesidad de pasarle la pelota a otra persona o quitarse de en medio. Tan sólo adecuando sus conocimientos y su edad al relato que le queramos contar.

Ahora Sara ya sabe cómo nace un bebé gracias a su tía y a internet. 

 

Grandpa

Dicen que todo el mundo tiene secretos de familia, trapos sucios que guardan en un rincón de de la casa, probablemente en un desván viejo y sucio al que nadie accede desde hace años. A mí no me gustan los secretos familiares, creo que las cosas hay que contarlas, pero también hay que saber a quién contarlas, cómo y cuándo es el momento. Yo he sido bastante curiosa con mi familia, desde siempre he preguntado cosas de mis abuelos, de las costumbres del pueblo, de lo que se hacía en aquella época, de sus vivencias en general. 

Es verdad que a mi padre le costaba hablar de ciertos temas, que yo no entendía bien. Aun así mis padres me han ido dando respuesta a prácticamente todo lo que me he ido preguntando estos años. Claro que hay que contar con una cosa, y esa cosa es que dependo de su punto de vista, de su memoria y de lo que a ellos les parezca importante. Posiblemente si me preguntasen a mí por temas difíciles además de no tener demasiado problema en contestar, me enrollaría como las persianas al hacerlo, puesto que va en mis venas.

Como mis abuelos murieron cuando yo era demasiado pequeña, a excepción de la abuela Mónica que ni tan siquiera la conocí, no he podido saber de sus vidas en primera persona, siempre ha sido a través de los hijos. Lo bueno de tener una tía con una memoria de elefante es que, aunque se emocione siempre al contar las cosas, al final las cuenta. Y otra cosa buena de tener primos mayores es que ellos sí compartieron experiencias con los abuelos.

Cuando estuve en Valencia añadí tres detalles más que no conocía de mis abuelos paternos. Uno que me sorprendió bastante es que mi abuelo no bebía nunca. Nada. Cero. Ni una gota. De alcohol se entiende. No le gustaba. Pero estoy segura que había algo más, algo como que le hacía perder su capacidad para comunicarse, que le dejaba el cerebro tonto, y como se dedicaba a la música y a escribir eso al final por mucho que los nostálgicos nos quieran convencer de que hay sustancias que te inspiran, en realidad te embotan y no facilitan. 

*Sabía que había otra cosa que me llamó la atención. Mi abuelo nunca escribía con faltas de ortografía, cuidaba mucho su letra y no soportaba la gente que escribía mal. Pasaba a limpio todo lo que escribía, mayormente cartas de denuncia social a Franco y cía. Ya tengo otra respuesta a por qué le doy tanta importancia a las faltas y por qué veo en libros publicados siempre alguna. 

Otro dato es que mi abuela cuando tuvo mellizos con 38 años, a meses escasos de los 39, de aquella época oscura, estuvo mucho tiempo sin poder moverse de la cama. La situación fue así, una señora que era abuela de un amigo mío del pueblo, la cual quería y ayudó mucho a mi abuela, le asistió en el parto junto con el médico, y le dijo básicamente: Mónica, prepárate porque viene otro. Cómo que otro? Sí mujer, que viene otro. Ay copón. Porque claro en aquella época ni ecografías ni porras. Y claro en esta familia que todo tiene que ser cuadriculado y equitativo, después de tener dos hijas faltaban dos hijos para cuadrar el círculo, y como no había tiempo de dos partos pues ale, en uno y vas que chutas. A mi abuela no le tuvo que hacer ni puñetera gracia claro. Mejor no pensar cómo se sentiría y lo que sufriría, porque además de que un parto así te revienta por dentro, las condiciones higiénicas y políticas, por qué no decirlo, no eran las mejores. 

Pero es que además de todo esto, descubrí algo que no sé por qué mi padre nunca me ha contado, y es que mi abuela era una loca de los gatos. Es que me emociono y todo al escribirlo. Una loca como yo, que le daba de comer a los que vivían por los alrededores de su casa, que los cuidaba como si fueran suyos, a los que intentaba proteger de los chavales sin sentimientos que les hacían de rabiar o maltrataban. Ahora entiendo de dónde me viene la vena gatuna, menudo descubrimiento. Ha sido de las cosas más chachis que he sabido últimamente. No sé si todo se hereda, pero está claro que mi abuela era especial, y ya no por lo trágico de su vida, por las hostias que le dio, sino porque a pesar de todo ese montón de mierda, siempre intentaba hacer lo mejor para los demás.

Conocer que mi abuela era una amante de los gatos me dejó una sonrisa en la cara para toda esa noche y una sonrisa en el alma para el resto de mis días. 

*A veces me pongo a pensar en la máquina del tiempo, o en el Ministerio del tiempo, y lo tengo claro, si sólo pudiese abrir una puerta, me iría a conocer a mis abuelos. 🙂

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