34 year old dancing

Dice mi padre que hace 34 años hacía más frío que hoy. Yo de eso no me acuerdo. Tampoco sé si nací con el mismo sueño que tengo ahora mismo. Se acabaron los 33, y reconozco que me daba cierta pena terminarlos. Qué año. Si me llego a ver por un agujerito hace unos meses de cómo iba a ser mi vida ahora mismo, ni me lo hubiese imaginado ni por supuesto me lo hubiese creído. No hace falta que repita todo lo que he vivido porque la gente que tengo cerca ya lo sabe. Estoy bien, bueno con un poco de resaca porque empezar tu cumpleaños piripi, con los ojos rojos y oliendo un poquito a ron, es de guapas.

Eso es lo que me extraña, que estoy bien. En general no me como mucho la cabeza por nada ni (casi) por nadie. Es como si me hubiese subido a una nube, no sé si de Heidi o de Goku, y estuviese por ahí flotando, en un estado de semifelicidad constante. Tengo miedo al día que me caiga de la torta que me voy a dar. Días malos ha habido, pero casi ni me acuerdo de ellos. Es curioso como cambiando tu forma de expresarte, de moverte e incluso de mirar a los demás, hace que eso te vuelva de la misma manera. Cada día tengo más claro que si das, recibes, y según lo que des así te darán. Quizá no esperar nada es mejor, por aquello de no llevarte una desilusión. Pero es bonito ver como si estás receptiva y vas sonriendo a la vida, la vida te recibe de la misma manera. Hubo un tiempo que no me sentí así. Lo confieso, la autoestima hace mucho a la hora de relacionarte. Creo que se nota en la cara cuando estás bien y cuando no. Y ya no es que me sintiera feita por varias razones, como por ejemplo mi peso, o la vida que llevaba, es que cuando salía notaba que la gente ni reparaba en que yo estuviera ahí, me di cuenta de este detalle con algunos gatos y algunos bebés. Da igual son cosas mías. Quizá no crea en dios pero sí me sentí que a los 33 me clavaron en la cruz. Y lo del peso es muy curioso. Ya no es que me hicieran falta quitarme los 10 kilos que me sobraban, (voy por el año 2011), es que los otros 80 que me quité de mis hombros han hecho que pueda subir escaleras de nuevo sin ahogarme.

He conocido a tanta gente, en serio. Nunca tuve mucho problema en entablar conversaciones con desconocidos, pero lo de este año ha sido como una explosión nucelar. Tengo un montón de gente en el wasap, que si soy sincera con muchxs de ellxs no hablo prácticamente, pero son personas con las que he compartido un momento puntual, probablemente una foto, y casi seguro una borrachera. Desde los compis del Sonorama, las niñas de Valladolid, el grupito de teatro cuando fui por primera vez al 33, las chicas del Taboo con las que un amigo y yo nos hicimos fotos, la pareja maravillosa de Galicia, el grupo tan peculiar y poliamoroso del (como no) 33, las niñas de brillitos de Granada, en fin, no me da mucho el cerebro para acordarme de todxs. Y si esa gente que no es conocida, pasaron por mi vida de manera casual dejando un recuerdo agradable (algunxs perduran), imagina cómo me siento con los de siempre, con los míos, con mis amigxs y mi familia. Es algo que no se puede explicar.

Y se ha añadido tanta gente al tren. Unas cuantas personas que empezaron siendo algo pasajero, y que se han hecho un hueco no sé muy bien en qué parte de mí. Que mi vida seguiría igual sin haberles conocido pero ahora que están, se me haría raro que desaparecieran. Aunque esto es bastante probable que pase, porque asumamos que mucha gente se sube al tren a recorrer una parte del camino, pero tienen billete de vuelta. Algunas ausencias no las entendí en su momento, quizá por la falta de explicación coherente. Ahora que lo veo con un poco de perspectiva siento que si pasó así es porque tuvo que pasar. Y joder que si pasa, se le saluda.

¿Tengo objetivos? Obvio. ¿Tengo ilusiones? Muchas y me están quedando preciosas. ¿Tengo sueños? Algunas mañanas más que otras. Y quizá eso sea lo importante, seguir creciendo, madurando, sin perder esa niña que llevo desde que nací conmigo. He hecho tantas cosas nuevas, cosas que nunca había hecho, cosas que ni imaginé que haría. Ya voy por los 16, me siento más joven que nunca. Y no sé lo que pasará en este nuevo ciclo que comienza. Bueno lo que seguro, seguro que seguirá pasando es que siga enviando audios interminables, vídeos de Snapchat cual payasa prepúber, que siga siendo adicta a los abrazos, y que lleve esta naturalidad tan característica (por lo visto) por donde quiera que vaya.

En la vida mis padres me enseñaron a ser agradecida con lo que me ofrecen, así que sólo puedo decir GRACIAS.

 

“Sin límites, sin leyes. No hablo de revolución, hablo de pasar un buen rato juntos” 

 

 

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2017: odisea en un año intenso

Los que me conocéis sabéis que soy bastante dada a hacer mi pequeña reflexión cuando finaliza un año. Aunque es un final a medias. Normalmente cuento el año natural que acaba el 31 de diciembre, y luego mi año oficial, que acaba el día de mi cumple. Pero es que además este año tiene un tercer final, en junio, con la noche de San Juan, puesto que esa noche hubo un cambio en mí bastante significativo.

Voy a hacer un repaso de todo lo que me ha traído este 2017, que si tuviera que definir con una sola palabra sería INTENSO.

Antecedentes

Venía de dejar un trabajo fijo y estable en octubre 2016, empecé el paro descansando, buscando asociaciones para hacer sexología, encontré una y me hice voluntaria, me apunté a un curso de monitores y buscando casa para cambiarme.

Enero

La nochevieja no podía empezar mejor. Amigos de siempre, cañas tradicionales, cena con la familia con una integrante más en el equipo, y luego fiesta en casa de amigos de mi amiga. Noche divertida y curiosa. Enero fue tiempo compartido con mi sobrina en una exposición bonita, hice un taller de sexología en la asociación de mi hermano, seguí con el voluntariado y con el curso de monitores.

Febrero

Mi mes por excelencia, mi comienzo de ciclo por nacimiento. Comenzó con un cambio de casa y compañera de piso, no una compañera cualquiera, mi amiga desde hace 14 años. Mudanzas, despedidas de caseros y bienvenidas al nuevo hogar. Mi cumpleaños, 33. Una edad para algunos significativa. Desde luego que si me huelo todo lo que se me venía después hubiera comprendido mejor ese dígito. Fiesta en casa con amigos, regalos, cena rica, y unos bailes. Otra celebración con la familia. Despedida de nuestra amiga de la universidad porque en unos meses daba el paso de casarse y le hicimos un día bonito que incluyó bailes en barra y juegos de Scape room. Más cumples y comienzo un curro nuevo, en un cole con chavales en riesgo, lo que quería.

Abril

Semana Santa en Albarracín, nuestro último viaje juntos. Zona bonita pero gente rara. Decido que a Teruel no vuelvo. Comienzo el curso del paro de Lengua de Signos. Descubro la Isabela, una ciudad que quedó inundada por el pantano de Buendía, y que por la sequía que nos invade ahora pueden verse las ruinas del balneario. Atardeceres mágicos. Se acaba el curso de Monitores. Otro título que agregar a mi cv, total para que luego no te llame nadie.

Mayo

Empiezan las fiestas en los barrios. De hecho en el mío hay verbena. Viene Muchachito y me voy con amigxs a verlo. Mi cuerpo está despertando, es primavera, me pide acción, y tiene hambre de muchas cosas, pero sobre todo de bailar. Me voy a un remember con mi prima a la Fabrik, es un remember porque yo hacía muchísimos años que no iba allí, y porque hay un especial de Tecno de los 90. Oír esos temas fue una experiencia divertida y nostálgica.  Para seguir alimentando el cuerpo me voy con un amigo al Replay. Música electrónica en directo, sitio bonito, gente de buen rollo y sonrisas en la cara. No podía pedir más.

Junio

Al trabajar en un cole se acaba mi contrato con las vacaciones de los niños. Ha sido una experiencia enriquecedora y muy instructiva. En un mes se casa una amiga del pueblo y nos vamos de despedida por Madrid. Juegos, pruebas, pelis, bocas llenas, barcas piratas en el Retiro, y muchas muchas risas. Combinación perfecta. Scape room y copas en áticos. Decisiones que van a cambiar mi futuro. Concierto de Dios, Robe Iniesta, en la sala Price, algo íntimo, místico y necesario para el cuerpo.  La noche de San Juan cumplo una tradición en el balcón de mi casa porque el cuerpo me pide cambio, regenerarme y resurgir como el fénix. Comienza el verano, el que va a ser el más largo de mi vida…

Julio

En unas semanas se casan dos amigos así que organizamos su despedida. Otro Scape para el cuerpo, comida impresionante, copas con diálogos interesantes, buen ambiente. Puntos y finales, decisiones meditadas, años de recapacitar, pensar, asumir, aprender y valorar. Despedidas amargas, injustas, frías e infantiles. Giro de 180 grados. Boda de amigos en Cuidad Real, más que una boda es un festival. La novia más guapa que he visto hasta ahora. Boda de amigos en Madrid, calor merecido de julio pero ambiente cercano y familiar. No se podía comer más. Fin del curso de LSE, despedidas emotivas, profes que marcan, amigas sensibles que son necesarias y contingentes. Comienza la ruta por festivales, primera parada Asturias: Aquasella. Amigos que te acogen, amigos nuevos, lugares mágicos, dormir poco, bailar mucho, risas, aditivos, conservantes, encuentros casuales, yogures indecisos, besos fugaces, valentía por las venas, miedos fuera. La vida es de color naranja. Piscineo de barrio. Conozco el bar más peculiar y divertido de Madrid, el 33. Gente agradable, simpática y con ganas de crecer. Noches locas que acaban en casa de amigas durmiendo con desconocidos.

Agosto

Seguimos la ruta festivalera. Sonorama. 4 días de no dormir nada, tiendas de campaña que se mueven solas, gente bonita, agradable, amiguis nuevas. Música 24 horas al día, ambiente divertido, mapachada, brillos, Camela, descubrir grandes grupos de música. Fiestas de la Paloma en las Vistillas. Risas por Madrid, amigas borrachas. Siguiente festival: V de Valarés, en Galicia. Conducir después de 3 años sin hacerlo. Viajes con grandes expectativas, gallegos peculiares. Noches de insomnio en tiendas de campaña. Playas heladas, café por las orejas. Seguir descubriendo grupos. Ir después de muchos años toda la semana de fiestas al pueblo. Amigos de siempre, buenas compañías, risas al amanecer en El Pajar. Extraña normalidad. Pérdida de peso necesaria, sobre todo en la zona de los hombros.

Septiembre

Fiestas de barrio, La Melonera. Reencuentros casuales con amigos de siempre y amigos futuros. Garitos con derecho de admisión, besos prestados. Oposición del metro en condiciones lamentables. Fiestas de Móstoles, quedadas con amigos de siempre, más conciertos, Zigarros, sintonía de cabecera para momentos que vendrán: “qué demonios hago yo aquí”. Tirar cañas, no pescar nada, mordiscos robados. Seguimos en las fiestas, despedidas de colegas a paraísos en las antípodas, abanico de posibilidades, gente que no te esperas, bailes, alcohol y besos robados. Licántropos, yogures, petit sweets, atardeceres en parques de Madrid, juegos, wasap, escribir, estar en vena, conversaciones hasta las 6 de la mañana. Gente que te inspira, personas que te enseñan y de las que aprendes. Seducir. Ligar. Entender la palabra poliamoroso. Descubrir películas que han estado ahí pero que no eran el momento de verlas.

Octubre

Escribir mucho. Angustiarme por la búsqueda infructuosa de trabajo. La lista de amigxs nuevos se amplía. Nacimientos. Más música,  Soziedad Alkoholika, buen concierto con mejor compañía pero un sonido de mierda. Enterarte que has aprobado el exámen del metro pero no con la nota suficiente para poder acceder a un puesto. Cuadrar agendas. Personas interesantes que aparentan una cosa y después te dan la sorpresa, en este caso agradable.  Que te vengan a buscar a casa, que te lleven sin protestar. Por fin tengo trabajo. Puestos nuevos, retos que cumplir, aprendizajes. Personas tan guapas por fuera que se rompen y hace que se te pare el corazón, y después descubres que son más guapas por dentro.

Noviembre

Noches culturales en el teatro viendo Mongolia. Conciertos con amigos de personajes necesarios, Los Punsetes. Bombas de humo. Pueblos lejanos, camas extrañas. Gente que desaparece sin despedirse. Cambian las reglas, gatas con piel de ratona. Reencuentro con la gente de la uni, recordar viejos tiempos, risas en buena compañía, besos inesperados. Cumpleaños. Fines de semana pegados a un altavoz y a una botella. Risas compartidas en la cama.

Diciembre

Ir al concierto con menos expectativas de mi vida y encontrarte una obra maestra, Kase O. Noches curiosas con colegas que hace tiempo no ves. Intercambio de móviles. Pequeños festivales en el pueblo, Birrarock, personas agradables con una sonrisa que ilumina la calle. Más cumpleaños. Cenas navideñas, comidas navideñas, amigos de siempre. Mapachada, ir a locales que hacía 10 años no pisabas, besos compartidos, abrazos que no te esperas. Personas que al principio parecen “no, no, no” y luego son “ahhh, pues quizá”. Salir de fiesta con tu amiga hasta que te dice “me vas a matar, vámonos a casa”. Nochebuena en el barrio, cerveza por las orejas, cenas en familia, indigestiones, porque una fiesta sin alcohol es posible. Constipados que duran semanas, mocos para dar y regalar, fisuras en las costillas o que soy un poco exagerada, risas causadas por la falta de sueño y el exceso de algunas sustancias. Nochevieja diferente, amigas en Granada, reencuentro con compañeros de trabajo. Uvas en multitud. Cenas exóticas. Mini vacaciones.

 

En definitiva, puedo decir que ha sido un año muy intenso, he hecho tantas cosas que no las recuerdo todas. Ha habido resacas buenas, resacas horribles de quedarme en el sofá medio mórtimer, resacas en soledad y en compañía. He llorado menos de lo que pensaba por algunos temas, y me han afectado mucho más cosas que ahora con la distancia veo que fueron tonterías. He reído tanto que he rejuvenecido varios años, por eso la gente me echa menos siempre. He bailado hasta que literalmente me han dolido los pies, en casa sola mientras esperaba a salir por ahí o a que llegara la fiesta, he descubierto grandes intérpretes que me acompañarán siempre. He bailado con amigos, con amigas, con desconocidos, con colegas. He hecho boomerangs por encima de mis posibilidades. He disfrutado de las buenas compañías, he sabido aceptar a cada uno como es, con sus peculiaridades y sus manías. He intentado llevar una sonrisa cada día al levantarme, y me he dado cuenta que es muy contagiosa. He viajado del norte al sur de España, he conocido gente bonita, he comprobado que España es un país para comérselo.

Se acaba el año más loco de mi vida, aprovechado y exprimido hasta el último momento. Me da miedo, porque me lo he pasado tan bien que esto es imposible de superar, y no sé qué me deparará 2018. Tengo claras algunas cosas, pero mi vida es una incertidumbre constante, nunca sé cómo está el gato hasta que no abro la caja, por suerte hasta ahora siempre está vivo. Vivo en un estado de alegría continua, pero eso no hace que esté ciega hacia los problemas de los demás, y es curioso como mi año más especial ha sido el año más catastrófico para algunos de los que me rodean. Dicen que no hay mal que cien años dure, ni mal que por bien no venga. Creo que los cambios hay que aprender a afrontarlos y aceptar que la vida es (R)evolución. Y ser positivos y pensar que esos cambios siempre son para mejor. Tengo algunos planes para el año que se aproxima, muchos de ocio, de relaciones, de amistad, incluso un pequeño proyecto escrito que no sé si verá la luz algún día. Pero de lo que más ganas tengo es de que mi familia y mis amigxs sigan ahí, de una forma u otra, pero con sus vidas resueltas y sin demasiados quebraderos de cabeza. Si este año vivido que se termina hubiese sido una película, además de varios posibles títulos que le pondría, habría tanta cantidad de actores y actrices que han participado que necesitaría un post aparte para nombraros a todos/as.

Así que voy a hacer un acto de imaginación, voy a poneros a todxs en una mesa redonda muy muy grande, y voy a brindar. Brindo por los besos de todo tipo, los fugaces, los intensos, lo de película, los afrancesados, los que no llevan lengua, los besos entre amigas, los que me han dado al despertar, los que ya no volveré a dar, por los que te daré en 2018, los que se dan por cortesía, los que rozan las mejillas, los que suenan en el oído. Brindo por los orgasmos, los que se comparten con alguien, por los solitarios, los múltiples, los sencillos, los que no se perciben, los que atraviesan paredes, los que te provocan, los que tú provocas, por los que suceden mientras sueñas, por los que se palpan. Brindo por el poliamor, por la monogamia, por cualquier tipo de relación que quieras tener que es tuya y de nadie más, por saber estar sola, por querer estar sola. Brindo por las lenguas en las clavículas, en los muslos, por las que apenas te rozan, por las húmedas que dejan un rastro de saliva al pasar, por las tímidas que no se enseñan, por las que te sacan mientras te guiñan un ojo. Por el placer, en cualquiera de sus formas y sus texturas, por saber proporcionártelo y proporcionármelo, por seguir aprendiendo, por dejarte enseñar. Por descubrir cosas nuevas cada día, por no dejar que entre el aburrimiento y la monotonía. Brindo por el roce de tus labios con los míos, por la sonrisa vertical, por la carne de gallina, por los suspiros, jadeos y gemidos acompasados, por la reminiscencia no de sustancias psicoactivas, sino de evocar esos escalofríos que se producen cuando recuerdas el tacto de la piel en tu piel. Brindo por todos los abrazos que me diste, por los que no pedí y recibí, por los que te di cuando los necesitabas, por los que ya no volverás a darme, por los que seguiré dándote en 2018, por los que aprietan hasta dejarte sin respiración, por los que quieren decir “todo saldrá bien”. Brindo por todas las conversaciones que hemos tenido, por las risas compartidas, por reírnos de los problemas y verlos como oportunidades, por reír antes de acostarte, por seguir hablando cuando la luz ya está apagada. Brindo por todo el cine que me has descubierto, por las series que enganchan, por las fotos bonitas, por los textos que escribí, por los momentos que serán recuerdos. Brindo por toda la música que he bailado y cantado, por los grandes descubrimientos que me habéis hecho, por que me quiten lo bailao, Brindo por las vecinas locas que golpean paredes, por desconocidos que te sonríen en el metro, por todas esas miradas que no volveré a ver, por los microenamoramientos que no se repetirán. Brindo por el Ars Amandi, por los sujetos que nos objetivizamos, por los objetos que seguimos siendo sujetos sexuados, por sentirme libre, por toda la gente que me apoyasteis en los momentos difíciles, por saber escuchar, por respetar decisiones, por no inmiscuirse en vidas ajenas. Brindo por las personas bonitas que vuelven a tu vida después de varios años sin contacto, por los chicos guapos que os habéis cruzado en mi camino, y aún teniendo pareja habéis sabido rechazarme con elegancia, por las afonías que duran meses, porque a veces dar gritos sí merece la alegría. Y por supuesto doy las gracias a todos y cada uno de los que habéis estado de una manera u otra en este año loco. Brindo con y por vosotrxs.

A las personas que os habéis ido de mi vida por algún motivo, o sin motivo aparente: HASTA LUEGO MARI CARMEN!! A los que seguís cerca ya sea en la distancia o a un km: GRACIAS.

Os deseo muy muy muy mucho feliz año 2018!! Y viva la Adolestreinta y San Bartolomé!

Nos vemos más pronto que tarde.

 

 

cruces

El destino es curioso. El destino puede hacer que nunca más en tu vida te vuelvas a encontrar con tu amigo de la infancia, al que no ves desde los 12 años, ni puedas saber qué tal le va, ni dónde estará viviendo. Sin embargo es el mismo que hace que te cruces con algunas personas varias veces, sin saber muy bien por qué.

El otro día le volví a ver. Sigue como siempre. Con su melena larga, su coleta, sus ojitos tan expresivos. Siempre que le veo me pasa lo mismo. Por un lado tengo ganas de acercarme y saludarle, y preguntarle si se acuerda de mí. Por experiencias pasadas imagino que no mucho. Han sido varias veces las que le he vuelto a ver en los últimos años. De hecho el año pasado me lo encontré en el metro a la ida y a la vuelta, que fue un poco extrañas coincidencias porque qué probabilidades hay de que pase eso, con la de trenes que pasan y la de gente que hay en el metro.

Él nunca sabrá que en el cole me gustaba, tampoco se lo conté a nadie, yo era muy rara para esas cosas. Me gustaba en un sentido inocente, me causaba mucha ternura y su forma de hablar como si tuviera algo pegado en el paladar me fascinaba. Tampoco se imagina que en el viaje de fin de curso me ponía nerviosa por las noches pensando que dormíamos en la misma habitación. Sí, en 1998 te ibas de viaje con amigos y amigas y las habitaciones eran mixtas. Yo ahora lo pienso y no sé muy bien de dónde salió ese grupo con el que habité. Él además, era de la otra clase. Recuerdo mucho ese viaje, por muchos motivos. Y por supuesto dentro de esos recuerdos está la noche que me fui a la habitación de unas chicas que conocí allí, a charlar, y pasó sonriendo y con una vergüenza encima que le hacía más mono todavía, preguntándonos si alguna queríamos rollo. ¡Qué tierno! No le contesté pero por dentro pensé que no me importaría. Evidentemente esa pregunta no iba dirigida a mí. En los años de cole casi no hablamos. Y en ese viaje sí nos conocimos un poco más pero como era tan tímido siempre, nunca supe si podría ser por mí o por su forma de ser. Tampoco he sido yo muy buena en esto de ver la seducción.

Hicimos un baile de final de curso, en el centro cultural de al lado del cole. Él estaba con otros amigos haciendo un baile de un grupo famoso de los 90. Estaba muy guapo, con la ropa ancha en plan rapero. Por entonces ya se estaba dejando el pelo largo.

Hace unos veranos le vi en una fiesta por el Matadero, le miré buscando si me reconocía o le podía sonar de algo. Su mirada fue esquiva y me acabé yendo de ahí. Yo en esa época no me veía con muchas ganas de flirtear.

Siempre que le veo pienso lo mismo, que quizá ya no me ponga el destino otra vez en su camino. Aun así todo seguiría igual, yo no le miraría apenas, él no se acercaría a saludar. Y se repetiría una y otra vez la misma representación. Sólo que con más años a nuestras espaldas.

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