Me fui a Francia

Esto lo escribí hace un año, pero no se por qué nunca lo publiqué.

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Acabo de sufrir un viaje en el tiempo.

 

Estoy en la Plaza de la Revolución, París, 21 de enero de 1793. Gente por todas partes. Campesinos, burgueses, comuneros, prácticamente todo el tercer estado nos reunimos aquí. Cuerpos sudorosos, olores fuertes, orina, heces, sudor, solo los de clase alta llevan perfume. Los dientes escasean, la época de hambre ha hecho mella, los años de conflicto se notan en cada mirada.

Hay tanta gente que apenas se puede respirar, los niños gritan, las mujeres ríen, los hombres entonan cánticos.

Se oye a alguien gritar: QUE LE COOOOOORTEN LA CABEZA!!

Otro dice: A LAS ARMAS!!

Yo grito muy fuerte: VIVA LA REPÚBLICA!!

 

Y entonces el verdugo, nos mira, un minuto de silencio sepulcral roto por un redoble de tambores, mis ojos puestos en el filo de la guillotina, cae la hoja…. ZAS!! La cabeza de Luis XVI rueda por el cadalso.

Y entonces una ovación, un rugido de furia, un momento sublime de alegría estalla en la plaza. Todos cantamos la Marsellesa, gritamos viva la república!, muerte a la monarquía! Bailamos como en éxtasis por la felicidad que sentimos.

Entre toda la multitud me parece reconocer a Sade, aunque con sus idas y venidas a las distintas cárceles dudo de si realmente es él.

 

La euforia es inmensa, se contagia una emoción absoluta en cada rincón de la plaza. Sé que estoy viviendo un momento histórico. No hay cámaras, no hay palos-selfies, no hay fotografías, no hay vídeos, no hay móviles, solo mi mente puede recoger este momento impresionante. Siento una excitación inmensa, algo indescriptible. Se respira un ambiente único, quizá nunca más en la historia se repita algo así. Y yo lo estoy viviendo.

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Un día cualquiera, o no.

Ayer podía haber sido como cualquier día. Despertarme al alba por el calor, dar vueltas y mal dormir. Ir a trabajar y terminar el día donde empezó, en casa.

Pero ayer, por lo que fuera, no fue un día más.

Al terminar la jornada de trabajo me fui a casa de mis padres porque habíamos quedado para tomar algo, ya que hoy se volvían al pueblo donde allí el calor es más llevadero. También estaban casi todos mis hermanos. Aunque habíamos quedado allí nos llamó mi hermana que no podía cerrar la puerta de su casa, no sabía por qué, que si podíamos bajar hasta que llegase el cerrajero.

Cuando llegamos mi hermano, mi hermana y mi padre empezaron a mirar la puerta y a teorizar de por qué no se cerraba. A mí me llamó la atención al intentarlo porque era como que algo hacía tope, pero no se veía nada fuera de lo normal. Pero normal no era, se entornaba casi hasta el final. Así que apliqué mi lógica deductiva que es muy sencilla, buscar el por qué, ya que todo lo tiene. Vi que la puerta estaba como caída de arriba, pero eso suele pasar a menudo y no es motivo para no poder cerrarse. Miré más de cerca y observé que la puerta tenía como un saliente sólo en la parte de abajo. Y se lo comenté a mi hermana. “Oye, ¿has visto que por arriba está de una forma y por abajo tiene eso como salido? ¿Ves que tiene un trozo fuera?” “Anda, es verdad, se ha abombado por abajo el contrachapado”. “Claro por el calor, seguro”. “Ya ves, si esta casa es un infierno”.

Pues ya está, sólo había que intentar meter esa parte. Pero no era tan sencillo claro, es como si se hubiese despegado, había que hacer mucha fuerza empujando y luego poner algo de manera provisional, como cinta americana que se le ocurrió a mi hermano. Porque si cerrabas desde fuera empujando un poco esa parte no había problema, la cuestión era cómo cerrar desde dentro si no tienes a nadie que haga un poco de presión.

Por cierto el cerrajero según vino se fue, porque la solución que pusimos nosotros fue lo único que se podía hacer en ese momento.

Así que a las 22.30 nos fuimos a cenar como teníamos pensado. Y decidieron ir a mi barrio. Por mí genial. Nos fuimos a una zona de bares y cuando nos íbamos a sentar en una terraza le digo a mi hermano que hay una cartera en la mesa. Mi hermano la coge y pregunta a las chicas de al lado. Parece ser que había una familia cenando y se acababan de ir. Hay un poco de lío, por un lado mi hermana quiere dejársela al camarero, por si les conoce, por otro dicen también de llamar a la policía para que se la devuelva. Mientras decidimos nos sentamos. Miramos la cartera, casi 80 euros. La cantidad según quién la mire puede ser calderilla o un regalo. Para mí personalmente es un regalo. Miramos el DNI, vive cerca de mi casa, el chico tiene 24 años.

Empiezo a pensar, me veo en su lugar, ¿qué es lo que yo querría que hiciesen? que me la devolviesen sin dudarlo. Y si es con el dinero me dan la vida. ¿Y si el chico es estudiante? ¿y si es la paga del verano? ¿y si tenía intención de comprarse algo? También vienen a mi mente cosas negativas, pero prefiero quedarme con lo bueno.

Decidimos esperar por si vuelve a por ella, y sino pues ya veremos. En ningún momento nadie se plantea quedarse el dinero, bueno no voy a mentir, los primeros segundos dices “nos arregla la cena”, pero en el fondo lo piensas y dices “¿qué necesidad?”.  Yo les digo que me parece lo mejor ir a llevarla a casa, porque fíate tú de que la policía le lleve la cartera con el dinero.

A las 00.15 nos levantamos, pagamos la cuenta y nos dirigimos a su casa. Fuimos mi hermano y yo. Llamamos al telefonillo, pedimos perdón por las horas y explicamos que nos hemos encontrado una cartera de un tal J. y que si quiere que la dejemos en el buzón. La señora dice que es su hijo, y que si podemos esperar abajo, que ella baja un momento. Cuando abre el portal alucina, porque cree que su hijo no sabe que la ha perdido. Se ha ido a la sierra (no sabemos si a su casa propia o a pasar unos días o porque tienen una casa de verano), nos da las gracias mil veces, dice que no existe gente como nosotros. Que le va a llamar porque se va a poner muy contento y que seguro que le hubiera gustado saber quiénes éramos nosotros. Que ojalá, si nos pasa, demos con gente así. Le decimos que creemos en las buenas acciones y que a nosotros nos gustaría que nos lo hicieran igual. Por lo visto el chico había tenido un accidente de moto el día anterior y habían quedado para cenar y ver qué tal estaba, que tenía la cabeza en otras cosas. Nos despedimos muy contentos con la conciencia tranquila y pensando que hemos hecho lo correcto.

Mi hermano y yo creemos en el buen karma, y pensamos que de habernos quedado el dinero algo malo nos hubiera traído, y que si hacíamos eso al final seguro que tiene recompensa. Como dice él, no quiero convertirme en hormiga y que me aplasten*.

Mi hermana y mis padres esperaban en el coche, y había unas personas hablando con ellos, decían que no es habitual haber hecho eso de ir a su casa y todo a devolverlo, que incluso un señor lo hizo un día y casi no le dieron ni las gracias.

Yo me quedo pensando que no puede ser que sea excepcional, creo en la buena gente, igual que sé que hay malas personas. Pero me quedo con la gente honesta, que hay mucha, y que harían lo mismo que nosotros, que no cogerían un dinero que no es suyo y que lo devolverían sin dudarlo un segundo.

El dinero viene y va, pero las buenas acciones se quedan, y seguro que es como una cadena de favores, donde al final  ese chico esté muy agradecido a nuestro gesto, y quizá quiera agradecerlo a otra persona devolviendo el favor. Porque la vida no es más que una sucesión de acontecimientos, y si pueden ser agradables, mejor que mejor.

*Hay un libro que se llama Maldito Karma, que a mi hermano y a mí nos hizo mucha gracia.

sin pretenderlo

No había reparado en ello. Me ha parecido un buen símil el ave Fénix por aquello de que resurge de sus cenizas. Y yo he sentido que había mandado mi blog a la hoguera, a arder entre las llamas para después, justo ahora renacer.

Y me doy cuenta al mirar el calendario que es la noche de San Juan. Me gustan que las cosas tengan extrañas coincidencias sin pretenderlo.

 

               

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