Concurso de relato erótico: Fantasías incumplidas

Los acontecimientos de estos últimos días han hecho que haya escrito mucho (aquí menos) de lo que me pasa, pero hay algo que quiero relatar, que para mí ha sido muy importante. Y creo que no todo el mundo sabe.

Hace unas semanas participé en un concurso de relato erótico. Lo organizaba la Librería Pernatel (San Sebastián de los Reyes), el supermercado erótico Lysstore y lo patrocinaba la marca sueca Lelo, la cual hace juguetes genitales (mayormente) de alta gama, y que estoy a ver si ahorro para probar alguno.

Por lo visto participaron más de cien relatos. A mí el martes 6 de marzo me llamó Eva Fuentes, para decirme que había resultado una de las siete finalistas y que al día siguiente, miércoles 7, se diría en un acto íntimo quién había resultado ganador/a. Siete entre más de cien, no está nada mal. Y yo no sabía que ponerme en ese momento, y me puse nerviosa. Porque para mí ya era un logro que alguien hubiera leído mi relato y lo hubiera valorado como medianamente bueno. Y además había una posibilidad entre siete de ser la ganadora. Así que avisé, con un nudo en el estómago, a mis amigos, y hubo varios voluntarios. Mi amigo Dave, fiel incondicional de todo lo que hago a nivel creativo (será que él es un artista con todo lo que tiene que ver con la música y yo lo intento con mis dedos y lo sabe valorar), y mi amiga Rebeca, que como dirían los adolescentes hoy día es mi Meja. Y me apoya en todo porque para eso están las amigas.

Era la segunda vez en mi vida que presentaba un relato a un concurso, las dos veces erótico. La primera fue hace unos años para un concurso pequeño de una tienda erótica de Rivas Vaciamadrid, Los Secretos de Mar, y quedé la segunda, donde sí tenía un premio, pero por mi maldita pereza nunca pasé a recogerlo.

Cuando vi el jurado me quise morir, porque además de Manuel Montalvo Ruiz (que desde mi atrevida ignorancia no conocía pero sí me sonaba su último libro “La maldita manía de quererte” y que por supuesto en cuanto pase este mes voy a adquirir para poder leerlo, aunque me llama más la atención “Cosas y pelo”), también estaba entre el jurado mi admirada Valérie Tasso, a la que sigo desde hace años, a la que ya escribí un relato para su libro “Confesiones sin vergüenza” pero que a día de hoy no he podido adquirir por diferentes motivos y no he podido saber si mi relato estaba incluido o no, pero que también en abril haré mío. A la que he visto con admiración todos los días que emitían su sección en el programa de La 2 “Para todos la 2” porque por fin se hablaba de la sexología sustantiva que tanto amamos. De la que me enteré estudiando en In.Ci.Sex que ella también hizo allí el máster con mis profesores, y a la que casi conozco en persona hace 2 años cuando estuve a punto de ir al seminario que se hace en Avilés, pero que por temas personales al final no pude realizar. A la que sigo en Twitter y Facebook desde hace años y el sólo hecho de que contestara a algunos de mis mensajes ya me hacía vislumbrar que es una mujer cercana.

No sólo estaba todo esto, sino que además había una posibilidad de resultar ganadora. Aunque yo soy muy crítica conmigo misma, y no me veía ganando, el hecho de estar ahí para mí fue un subidón de energía que tanto he necesitado estos días.

Así que a las 18.00 de la tarde, salí pitando del trabajo para irme a casa a cambiarme. Dave me esperaba con su coche, que se había puesto (más) guapo para la ocasión, y recogimos a Rebeca que también se acercó al barrio después del curro. Llegamos justo a las 20.00. Entramos en el restaurante donde se hacía el evento, y me dijeron que yo tenía un asiento reservado en las primeras filas. Me dio pena no estar con mis amigos, pero me hacía ilusión tener un asiento reservado, nunca había tenido uno. Sí, los pequeños detalles me hacen feliz.

Las chicas que organizaban el evento y la magnífica Sol Torres, a la que tampoco tenía el placer de conocer, hicieron una velada muy interesante, hablando de sexo(logía), y por supuesto con las entrevistas a Manuel y a Valérie. Pasaba el tiempo, y los nervios se fueron diluyendo, porque algo en mí me decía que mi nombre no iba a sonar. Efectivamente, como segundo premio por el relato “Fantasías de un balcón” (que todavía no he podido leer) fue premiado Adolfo Martín. En el cocktail pude hablar con él y me dijo que ya se había autoeditado una novela, y que era la primera vez que escribía algo de este estilo. Me animó fervientemente a que publicara. Y como colofón final Valérie leyó delante de todxs, con esa voz tan característica suya, que pese a los años que lleva por España sigue con su marcado acento francés, y que a mí tanto me gusta y me relaja, el relato ganador: “A ciegas”, de la ganadora María Cristina Menéndez, la cual ya tiene algunos libros publicados, y por lo bien que estaba redactado se merecía sin ninguna duda el primer premio. Pude acercarme a darle la enhorabuena y estaba muy contenta, no era para menos. Me fijé que cuando Valérie empezó a leer ella se reconoció en su relato y empezó a llorar de la emoción, yo pensé: si me hubieran leído el mío habría hecho lo mismo.

Y después de las felicitaciones la gala dio paso a un cocktail, y entonces sí, iba a aprovechar mi oportunidad. Me acerqué a Valérie, la cual imaginaba alta pero no tanto, y tímidamente la saludé. Ella un tiempo antes me reconoció a lo lejos y eso ya me hizo ilusión. Estaba tranquila porque no iba a comportarme como una groupi, pero impone qué coño. Y me dio un abrazo y me dijo “por fin nos conocemos”, y a mí se me cayeron las bragas. Hablamos de Inci, de los grandes maestros que hemos tenido en la escuela, del programa de la tele que el gobierno de ese momento canceló, y un poco de la vida en general. Yo tampoco quise acaparar toda su atención porque había más gente que quería saludarla, pero me hubiera tirado toda la noche hablando con ella. Y por supuesto me firmó un libro que llevé suyo, “París la nuit”, el cual leí hace tiempo. La dedicatoria fue preciosa, os la dejo en una foto porque a mí estas cosas es que me hacen ser muy gorda fan. Merci beaucoup!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y poco más, mis amigos y yo tomamos algo durante un rato, pero luego nos fuimos a celebrarlo por el centro, como no podía ser de otra manera.

Como no llevé discurso ni nada preparado supuse que en caso de poder decir unas palabras improvisaría, con lo mal que se me da expresarme con la voz. Pero ahora que tengo un ratito, que estoy en mi casa tranquila, y pese a no haber resultado ganadora, quiero decir lo siguiente:

Primero, creo que ambos premiados tenían una experiencia a nivel narrativa la cual yo no tengo, pero el hecho de haber sido “contrincante” con ellos me hace sentir que quizá esto de escribir no se me da tan mal.  Si lo pienso fríamente de dos intentos dos finales, es buena media. Segundo, me hizo gracia que Cristina dijera que nunca le había tocado un premio desde que era pequeña porque si hubiera sido yo la que habla justamente habría dicho que desde los 16 años que me tocó la Nintendo 64 no había ganado nada, a excepción de hacía justamente unas semanas que me tocaron dos entradas para un festival de cine erótico, del cual ya hablé hace poco aquí. Concurso donde también andaba Valérie, me traes suerte! Quizá para otra ocasión.

Otra cosa que quiero decir es que agradezco mucho a la gente que me apoyáis y valoráis esto que hago. Sé que me enrollo muchísimo pero nunca supe hacer resúmenes y no sé sintetizar, yo subrayaba todo en los libros. Creo que sin contexto las cosas no se entienden, por eso soy extensiva e intensiva. Pero sé que algunos ojos me leen y a veces hasta hay feedback, cosa de agradecer. Y una cosa que me suelen decir es que emociono con lo que cuento o cómo lo cuento. Y eso es todo un logro. Llevo escribiendo mis rayadas desde los 8 años y son ya 26 años de experiencia; vamos que comer, dormir, masturbarme y escribir, van más o menos a la par en cuanto a aprendizaje.

Y por supuesto, agradecer inmensamente a Rebeca y a Dave por acompañarme en algo que para mí es muy importante. Curiosa la amistad de ambos, que pese a ser de círculos diferentes, les une una cosa que quizá no sepan. Tanto con la una como con el otro, hubo un principio difícil de relación, vamos que me caían como el culo. Pero creo que la base de las grandes amistades siempre tienen el mismo principio complicado de aceptar al otro tal cual es, con sus cosas buenas y no tan buenas. Como las relaciones de pareja. Y aquí seguimos, con una 20 años después, con el otro, unos 13, y lo que nos queda chavales.

Os dejo los links de los relatos premiados y unas fotos que me sacaron con mi “compañera” y querida Valérie, y con mis mejos claro.

<<La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices (escribes) y lo que haces, están en armonía>> Mahatma Gandhi.

 

Ah, mi relato! Qué cabeza, no lo he visto todavía publicado, y no sé si sólo iban a publicar los dos ganadores. No pasa nada, ya lo leeréis… o no. xD

Segundo premio: http://pernatel.es/magazine/fantasias-de-un-balcon-segundo-premio-del-ii-concurso-de-relato-corto-erotico-de-san

Primer premio: http://pernatel.es/magazine/ciegas-ganador-del-ii-concurso-de-relato-corto-erotico-de-san-sebastian-de-los-reyes

 

Mis premios:


 

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Pero en realidad soy más rosa de lo que me gustaría

(Vienes de aquí)

Hay oponentes duros, y saben jugar muy bien. Y van aniquilando a peña por donde pasan. Cuando matas gente te dan monedas para comprar cosas o aumentar tu fuerza y energía. También encuentras compañeros que te echan una mano, te ayudan cuando estás perdida, o te dan armas directamente. Sí, porque también hay armas. Cada uno usa las que cree que son mejores, o con las que se siente más cómodo. Creo que el porqué de lo mal que se me da esto es porque en esencia soy pacífica, y yo no voy matando gente, al menos no directamente. De hecho, hasta hace poco no tenía armas disponibles (hay que desbloquearlas), y las que tengo no sé usarlas o no me entero de cómo van o cuándo utilizarlas.

Es verdad que cuanto más juegas más vas aprendiendo, pero reconozco que juego poco. Hace no mucho en el menú de inicio, en la zona donde se guardan los méritos, las monedas, la ropa para el personaje, las armas, etc, vi que había balas de plata. Yo siempre había creído que las balas de plata son para matar licántropos, hombres lobo. Así que pillé la pistola y me fui de aventura. Después de andar bastante, y jurar que había pasillos por los que ya había pasado, me salieron una manada de ellos, y no lo dudé un instante. Les disparé a todos los que me asaltaron. No quedó ni uno. Era supervivencia, o ellos o yo. Y me quedaba poca vida por un personaje que me confundió haciéndome creer que era amigo y en un descuido me clavó un puñal. Qué cabrón. Lo que no sabía era que al matar a los hombres lobo me dieron vida extra y fuerza +1. No sé qué cojones significa, pero +1 siempre es mejor que -1.

El primer día que jugué me dieron como mérito una llave con forma de triángulo. Me la guardé porque no sabía qué significaba ni para qué usarla. A los días encontré una puerta con un símbolo como el de mi llave, creía que había encontrado la salida, pero no podía ser, porque llevaba muy poco jugando. Metí la llave en la cerradura, le di una vuelta y la puerta se abrió. Entonces crucé al otro lado y me vi en el mismo sitio de antes pero ahora el laberinto no era negro y blanco, era naranja. No he encontrado ninguna otra llave todavía, y no sé qué significa que todo esté naranja, pero no me disgusta.

Hace poco vi otra puerta, intenté abrirla con la llave del triángulo, pero esa no encajaba. Luego me di cuenta que el símbolo era diferente, aunque no se distinguía bien, parecía una pica. Estoy buscándola, pero de momento no he encontrado nada. He mirado en foros y por lo visto hay bastantes puertas, las cuales se abren con llaves que te vas encontrando. Aunque un chico dijo que una tercera persona le dio directamente una llave y pudo entrar en una puerta que encontró. Cuenta que se metió como en otro nivel, todo de color rojo, pero no como yo que era el mismo laberinto pero de otro color, sino que era diferente, y que como no entendía nada y no le estaba gustando demasiado, retrocedió y se volvió al laberinto. Aseguró que esa no era la salida.

En el foro había una discusión muy activa por una llave que abre una puerta a un mundo verde. Había gente que decía que era la salida, y otros que era una trampa. No quise leer mucho para no desvelar el final del juego (si es que era ese), lo malo que no recuerdo cómo era la llave de la que hablaban.

 

Tengo un TOC. Tengo varios. Pero os cuento el que tiene relación. Por eso casi nunca empiezo un juego nuevo, ya que si empiezo lo tengo que terminar, tengo que llegar al final. Rescatar a la princesa, eliminar al malo entre los malos, reunir las 7 bolas, resolver el scape room, no morir eliminada por las minas, llegar al último nivel del restaurante, o conseguir poner la última pieza del puzle.

Quién me mandaría a mí meterme en esto. Bueno nadie lo hizo en verdad, fui yo sola, que no pude resistirme. Yo sigo perdida, no veo ni de cerca la salida. De momento no me importa, me estoy divirtiendo mucho. Lo que no quiero es perder demasiado tiempo ahí, ni dar muchas vueltas, ni caer en las mismas trampas una y otra vez, ni cruzar la salida echa pisto llena de heridas. Que tengo TOC pero no soy masoca, y si me rayo, desenchufo el ordenador y hasta luego Mari Carmen.

 

Continuará

 

Resultado de imagen de puerta entreabierta

Yo quisiera ser más azul…

De pequeña me gustaba mucho jugar a las cartas. Jugaba con mis amigas del pueblo en las frías tardes de invierno, al calor de la estufa o del brasero, con el mantel sobre las piernas. También me gustaba jugar con mis padres. Como nací tarde, mis hermanos estaban a su aire cuando yo demandaba jugar, y mis padres cuando podían o no estaban cansados, jugaban conmigo.

También jugaba sola. He jugado sola la mayor parte de mi infancia. Aprendí a hacerme solitarios. Sigo hablando de cartas. No soy capaz de recordar ahora ninguno, pero tengo el bagaje de poner un montón de cartas boca abajo y tener que ir dándoles la vuelta, no sé en qué orden, y algo hacía con las cartas que salían.

A lo que más me gustaba jugar era al chúpate dos (ahora se llama UNO). A burro, a cuadrado, al cinquillo, a la escoba. No me iba ni el tute (no hago el chiste), ni la brisca, ni por supuesto el mus.

A veces, con bastantes amigos, jugábamos al mentiroso. Lo odiaba. Se me daba fatal. Perdía siempre. Me cazaban al vuelo. Mi voz podía mentir, pero mi cara no. Me sigue pasando. Intento no cometer sincericidio, pero no puedo evitar ser honesta.

En la uni jugábamos horas y horas, clases y clases, a polis y cacos, y a pueblo duerme. También había que mentir. Alguna vez conseguía engañarlas, y creo que gané un par de veces, pero en general también me pillaban. Después llegó el póker. Me entretenía muchísimo, me divertía un montón. Nos dio fuerte una época. Jamás gané. Casi nunca pasaba de quedar 5ª o 4ª. Me olían los faroles con sólo mirarme.

Ahora ya no juego a cartas. Ahora me he metido a jugar a un juego virtual de rol al que nunca había jugado. Es como una especie de laberinto, todo con paredes altas, negras y blancas. Con un montón de caminos posibles. Tú juegas en primera persona, y tienes que tratar de buscar la salida, eso es lo que te dice al iniciar el juego, pero yo todavía no la he encontrado. Por los caminos hay cruces que muchas veces no llevan a ningún sitio, y tienes que deshacer lo andado. Te encuentras a un montón de gente por ahí, y a veces hay como pruebas. Pero yo no las entiendo mucho. Hay diferentes personajes: cazadores, asesinos en serie, zombies, hombres lobo, vampiros, sicarios, doncellas, guerreras, super héroes y heroínas, personajes de bosque como duendes o ninfas, que es la que yo elegí.

Empecé a jugar sola, pero a medida que vas consiguiendo méritos puedes añadir gente a tu círculo. Aunque es sólo como medida de apoyo, ya que se supone que tu fin es salir sola de ahí, o eso creo. Según jugaba y pasaban los días, ibas viendo a los que tenían mucha soltura, y notabas que llevaban mucho tiempo practicando, jugaban de forma natural. El problema de este juego es que no hay normas, ni reglas. Todo va a depender de tu/s oponente/s. No hay un número determinado de jugadores, van de 2 a infinito. Tampoco se sabe muy bien quién es tu amigo o tu enemigo. Creo que eso es lo más importante, el rol que desempeñes hará que cambien las posibilidades del juego; me recuerda un poco a los libros esos que cuando llegabas a una página podías elegir entre dos, y según elegías pasaba una cosa u otra. Yo cuando ya me cansaba de leer arriba y abajo me leía el libro sin hacer ni puto caso a las normas y me enteraba incluso más.

Reconozco que después de llevar un tiempo jugando me he dado cuenta que no tengo ni puñetera idea. Creo que la cosa va de mentir también o de ocultar. Y ya os he dicho que para esos juegos soy malísima. Hay días que digo, ¡a la mierda!, ya no juego más. Pero hay gente que se empeña en jugar conmigo. Y yo me animo, y entonces vuelvo a no saber mentir, y me pillan, y pierdo. Y algunos oponentes que en principio parecían amigos en realidad son del bando contrario, y me eliminan, me matan por despistada. Y otros me dejan tocada, pero no hundida. Y otros me dan vida extra, y se agradece. Y otros hacen trampas y me adelantan posiciones. Y a veces tiro los dados (te digo que este juego es muy raro) y caigo en la casilla de la posada y tengo que esperar a que me vuelva el turno.

Lo bueno es que un juego es un juego. Y sirve para divertirse, y el rato que juegas pues a pasarlo bien. Y aunque te maten no deja de ser de una forma virtual, tú sigues con tu vida como si nada. Bueno más o menos. Lo que sí hace el juego es que si te matan tienen que pasar 24 horas hasta que puedes añadir de nuevo a tu personaje, y que no empiezas desde el principio, si no ya te digo yo que no jugaba ni Robe.

 

Continuará

 

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