Jumate

Tengo que reconocer que no he sido del buen comer. Mi madre decía que era una milindrosa porque apenas me gustaba nada. Mi padre decía la frase: hambre de seis semanas, para referirse a mí cada vez que yo le decía que eso no me gustaba o que no quería más.

Es verdad que ha medida que he ido creciendo he ampliado mi abanico de alimentos. Creo que influyó principalmente ver a Argüiñano cada día cocinar platos en principio básicos pero con bastante fundamento y fáciles de preparar.

Recuerdo perfectamente en unas vacaciones en Gandía con unos amigos, allá por el 2002, haciendo la compra en una frutería, como ellos compraban “tomatas” para comerlos en la ensalada. Mi amiga y yo les dijimos que no nos gustaban; a mi amiga no le gusta el tomate de ningún tipo ni formato.  A mí por entonces sólo el envasado. Mis amigos flipaban porque no entendían cómo no nos podía gustar algo tan delicioso.

No recuerdo la primera vez que probé un tomate crudo. Me gustó el sabor, obvio, y lo añadí al carro de mi alimentación. La frase para autoconvencerme fue (uso mucho este recurso de lógica aplastante para convencerme a mí misma de probar cosas nuevas) “a ver hermosa, si te gusta el ketchup, el tomate frito, y has comido platos con trozos de tomate, cómo cojones no te va a gustar un tomate fresco”. Reconozco que ahora es básico en mi alimentación, y como no soy tan tonta, si me los trae Ramiro del huerto pues mejor que mejor.

Hace no mucho, a mediados del verano, he descubierto otra cosa que tiene que ver con el tomate. El zumo de tomate. Cómo te quedas. Es algo que he visto muchísimas veces en las estanterías de los supermercados pero nunca me atreví a coger. No me digas por qué. Pensaba en el sabor bebido y me daba pereza, o pensaba que no tendría un sabor agradable. Por las razones que sean, nunca lo tomé. Lo he tenido a mi alcance un montón de veces, pero nada. Quizá no me atrevía, o simplemente pensaba que el sabor no iba a ser tan dulce como mi mente se imaginaba. Pero la vida es una caja de sorpresas, y soy de las que piensan que las cosas llegan cuando tienen que llegar. Como los libros o las películas, que aunque los tengas a mano, en el momento que decides leerlos o verlas. es cuando todo encaja, como un puzzle. y eso hace que tenga mucho más sentido o sea más significativo.

Así que a mí, que me gustaba el tomate en todas sus versiones y sólo me faltaba probarlo en zumo, a mis 34 inviernos, me he vuelto adicta. No en plan droga dura. No es que tenga que tomarlo a diario. Es sólo que ha sido una explosión de sabor en mi paladar y una sensación al gusto tan agradable que mi boca no quiere perderse ese sabor nunca más. Porque además la clave está en la forma de prepararlo. Tiene un toque ácido, picante, dulce, es una mezcla que no te la esperas, porque tú ves el vaso de zumo rojo, brillante, un poco espeso, y piensas “un simple zumo de tomate, sin más”. Pues no. Cuando pegas los primeros sorbos es una sensación extraña, algo que no te esperas. Primero notas la dulzura, después las gotas de limón que le dan esa alegría que nadie sabe, y cuando llevas medio vaso el picante se abre paso, después de haberte acostumbrado a un sabor, el cerebro se te da la vuelta y llega el picante. Pero no demasiado. Bueno supongo que va en gustos. A mí que pique lo justo. Además lo bueno de esta especia es que te vas acostumbrando a ella, tu estómago lo va tolerando cada vez más, y cada vez que te preparas un vaso eres capaz de incrementar una gota más cada día.

Una de las veces cuando lo tomaba pensaba mientras lo observaba cómo cojones había estado tanto tiempo sin el zumo de tomate en mi vida. Me pareció hasta ridículo. Tan al alcance siempre de mi mano y sin darme cuenta de ello.

Tampoco hay que darle muchas vueltas. Antes no, ahora sí. Y yo que soy muy de recomendar cosas chulis y que a mí me aportan, pues por eso vengo con este post gastronómico, porque si no lo has probado por alguna extraña razón, o porque tengas miedo de que no te vaya a gustar, o porque pienses que pueda ser algo desagradable beber tomate triturado, quizá leyendo esto te animes aunque sea a darle un sorbo. Porque es verdad que muchas veces las cosas no las sabemos con certeza hasta que no las probamos en nuestras propias carnes.

Eso sí, ya te aviso, cuidado que crea adicción. Es como el Tomaco. Jumate.

 

 

 

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