La costumbre del tacto

Por mi profesión y vida personal, sé que hay personas más adictivas que otras a según qué sustancias. Cuando digo sustancias me refiero a las legales y a las ilegales.

Siempre he dicho que más o menos tengo suerte porque no me engancho fácilmente a nada. Ni a nadie. Porque el amor es una droga más, tenlo presente. No sé qué es lo que crea realmente la adicción a algo o a alguien. Supongo que la costumbre.

Y es que cuando creas un hábito de algo, haces que ese algo acabe por ser imprescindible en tu día a día. Será la recompensa de endorfinas y hormonas que se despliegan en el cerebro, será esa sensación placentera de felicidad momentánea que hace que sonrías.

Hay costumbres que llegan a tu vida sin que las hayas pedido, ni las hayas demandado, ni solicitado ni buscado. Te encuentras a diario con un bombón debajo de la almohada al acostarte. Hacen café por las mañanas en el trabajo. Te aderezan la copa con polvos de amor cada vez que sales. Tu vecina que tanto te motiva, te da los buenos días a diario con esa sonrisa que te deshace por dentro. Recibes wasaps constantes de la persona que te gusta. El panadero tiene tu pan rústico preparado a las 14.00 en punto como cada día. Tu compañerx de piso te da las buenas noches antes de irte a la cama. Tu padre te recibe con dos besos al verte.

Y así un sin fin de pequeños detalles, que al principio te sorprenden, luego te acostumbras, y al final te enganchas a ellos haciendo que se conviertan en tus imprescindibles. Entonces llega un día, y esa sonrisa de la vecina se ha esfumado; ese café matutino en el trabajo desaparece; ya no encuentras el bombón debajo de la almohada; miras el wasap pero no hay mensajes; la panadería se ha convertido en una tienda de todo a un euro. Y es ahí cuando te descubres a ti mismx con una nueva adicción, con un enganche que nunca esperaste. Y sientes los mismos síntomas que leíste en la facultad cuando alguien pasaba el mono de una droga “dura”, (si abrimos el debate de lo duro o blando, yo me planteo si es más duro no tener un chino de opio que fumar o sentir el rechazo del amor no correspondido, pero eso para otra entrada), síntomas que no habrían de estar si ese otro factor no hubiera interrumpido en tu vida.

Y tu cerebro racional intenta paliar ese malestar convenciéndote de que si antes eso no estaba en tu vida, y seguías viviendo, y no había ningún problema, no debería haberlo si ahora desaparece. Pero tu cerebro reptiliano se pregunta por qué ahora lo “necesitas”, y hace que lo necesites de verdad, y entonces te das cuenta de que hay costumbres que son como drogas, una vez que las pruebas la vida sin ellas es mucho más fea.

 

Reconocer la adicción es el primer paso para aceptarla y afrontarla. Para gestionar el conflicto que se crea en tu puta cabeza, estómago, corazón o parte corporal que añore esa sensación. A veces ayudan los sustitutivos, de hecho un profesional me dijo una vez: una adicción se cura con otra.

 

Sí, aquí estoy delante del ordenador admitiendo una adicción que desconocía en mí, porque la del chocolate la sabemos yo y todo el mundo que me conoce y esa la gestiono con bastante soltura. Soy adicta a algo que parece insignificante, algo que en principio es fácil de conseguir, algo que he tenido desde que nací, que no he valorado con objetividad hasta que he notado su ausencia. Soy adicta a los abrazos. Sip. ¿Irrisorio? ¿Absurdo? ¿Infantil? ¿Prescindible? Probablemente.

Pensaréis que es fácil de conseguir, incluso aunque los inesperados son los mejores, se pueden pedir en un momento dado. ¿Y por qué a los abrazos? Será la sensación de piel con piel, del tacto, del olor del cuello del otrx, del gustito que da cuando te aprietan los músculos, del calor que se desprende, de sentirte arropada, protegida, querida, apreciada. Hay abrazos que te dan la bienvenida, que muestran alegría por verte o reencontrarte. Hay otros que consuelan en un momento jodido, que reconfortan cuando más los necesitas. Hay abrazos que pueden expresar lo que no nos sale con la voz: te quiero, me gustas, te aprecio, te respeto, eres un amigx, estoy aquí para cuando lo necesites, eres maravillosx, un puto crack, enhorabuena. Sólo con un gesto simple de rodear el cuerpo del otro puedes estar expresando multitud de sentimientos.

En mi opinión se dan pocos abrazos. Parece que cuesta, como si darlos fuera reconocer que estamos vivos, que sentimos, que somos de carne y hueso. Incluso a veces da cierto corte. Somos asurdos que dice la Vecina Rubia. Pienso que se eliminarían muchos conflictos si en lugar de darnos la mano o dos besos nos diéramos un abrazo.

¿Y por qué ahora en mi segundo tercio de vida me doy cuenta de esto? Porque soy de familia numerosa y cariñosa, porque desde que tengo uso de razón mis hermanos y padres nos hemos dado muchos abrazos, porque ahora que somos más mayores y nos vemos menos, el consumo se ha reducido drásticamente, dejándolos para ocasiones especiales como fin de año, cumpleaños y eventos así. Porque hubo una época que no los necesitaba, y cuando me los daban hasta me molestaba un poco el contacto. Porque cuando tienes pareja abastecerte de ellos es mucho más fácil y rápido. Porque lxs amigxs que son muy de abrazar viven lejos y les veo poco. Porque las personas que te acaban de conocer y no saben de esta adicción suelen ver con recelo un abrazo, e incluso les hace sentirse incómodxs. Porque si en algún momento alguien que no te esperas te da uno, tu sensor de recompensa se activa y haces que quieras más. Como los ratones que no paran de dar al botón de la nicotina.

Y aquí ando, buscando sustitutivos para esta droga extraña y aparentemente inocua.

 

 

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fugaz es eso que surge del último suspiro de un segundo

Conocía las estrellas fugaces, de hecho se aproxima una fecha estrella para verlas, y si es en mi pueblo mejor.

De lo que no me habían hablado era de los besos fugaces. Besos que te roban sin que te des cuenta, besos que son como sorbos en un estanque al sexto día de caminar. Lentos, húmedos, esponjosos, como un rasgar de cuerdas en la guitarra, un lamento apenas ahogado en una cueva de mar. Adictivos, incansables. Pero al igual que las estrellas son eso, momentos ínfimos, un abrir y cerrar de ojos. Y con un poco de suerte el año próximo los podrás volver a observar.

También estudié en su día las drogas, de todo tipo, duras y blandas. Pero no conocía este tipo de adicción. Curioso elemento, apenas lo pruebas 20 segundos, y tu cuerpo estará perdido para el resto de tus días. Hay cosas que es mejor no probarlas y de ser así, si se prueban, llevarlas hasta el final, para que no se enquisten en tu ser.

 

Ahora le toca hablar a BEBE.

en estos años…

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