El gen C

De pequeña le pedía a mi padre que me contase cosas de mi abuela, porque nunca la conocí, de hecho sólo tuvo la suerte de conocerla un primo. Pero mi padre apenas me decía nada, se emocionaba mucho. Recuerdo que repetía siempre la misma frase: “era muy buena, era muy buena”. “¿Y por qué se murió tan joven?” preguntaba yo mientras mis grandes ojos marrones miraban a los grandes ojos verdes de mi padre, “pues mira, porque estaba enferma” “¿de qué?” “no se sabe, del corazón, estaba muy delicada”.

Y no sé por qué a la edad de 8 años relacioné la pronta muerte de mi abuela con que era muy buena. Y entonces, que hasta ese momento en general me portaba bastante bien, y me apiadaba de los demás, y sentía que siendo buena persona aún así mis amigos del barrio, que eran mucho más mayores, se metían conmigo algunas veces, me dije a mí misma que nunca sería tan buena como mi abuela, porque yo no quería morirme.

Yo imaginaba que mi abuela Mónica estaba muy enferma porque se crió a principios del siglo XX, nació en 1906, y vivió la guerra y la peor todavía posguerra. Y que encima había tenido 4 hijos, los dos últimos mellizos (sí, mi padre tiene un hermano mellizo) y ya a una edad poco usual para la época, con casi 40 años. Y claro yo asociaba eso a que por dentro estaba reventada, delicada, que normal con esos partos tan complicados se quedara tocada.

Años después me enteré que mi abuela es verdad que estaba delicada, y que era una persona muy buena, claro, era del gen Camarero (su primer apellido). Pero que además de sufrir la guerra y la posguerra, de sufrir que encerraran a su marido en la cárcel de 1939 a 1944 por rojo (cuando salió la dejó embarazada de mi padre y mi tío), de sufrir penurias esos años, manteniendo a dos hijas, buscándose la vida para darlas de comer, y encima con lo poco que tenía cuidando a todos los gatos de su alrededor, además, durante esos 5 años que mi abuelo no estuvo con ella, fue repetidamente, día sí día no, maltratada y violada, pegándola palizas constantes, por unos hombres cuyos nombres se llevó mi abuelo a la tumba, (sospechamos que son de nuestro pueblo, puede que de Huete), porque en la vida se le hubiera ocurrido decirle a mi padre quiénes fueron esos hijos de puta, sabiendo el carácter dócil y amable que gasta, pero con una mala hostia y un sentido de protección a los suyos que hacen temblar al tipo más grande. Y no sólo supe de esa tortura constante que sufrió mi abuela, es que encima mi abuelo era el típico señor de vida alegre, lo que se llamaría un golfo, y según cuenta mi primo no parecía que tuviera mucha consideración hacia su mujer.

Así que mi abuela, el día que cumplía 61 años, mi padre que apenas rozaba los 20, tuvo que llevarla en sus hombros cargando el ataúd con la rabia de saber que había desaparecido la persona que más ha querido en su vida. Y la que probablemente había sufrido más también.

 

Mi tía Vito, que fue la primera en nacer de los cuatro, tiene el gen Camarero por cada poro de su piel. Buena como ella sola, no se mete en la vida de nadie, hace lo que le place, ahora lo que las piernas le dejan, con la mejor memoria que he visto en mi vida, también tuvo la desgracia de padecer situaciones horribles en su juventud, bueno en general lleva toda la vida sufriendo. Pero nunca borra esa sonrisa de dientes perfectos. Cuando vivía en el pueblo se enamoró de un señor, y decidieron irse a Valencia a buscar una oportunidad, ya que en el pueblo había poco trabajo. Ese señor era sobre todo un borracho, un ser que vivía pegado a una botella. Y mi tía sufrió un calvario constante los años que duró su matrimonio. Mi padre, que la adora con locura, y listo como es, se olió la tostada un día que hablaron por teléfono, y allí que se presentó en el tren que no te imaginas por esos años lo lamentable que era, y las horas que tardaba. Cuando vio que mi tía estaba mal, porque también la pegaba, cogió a ese señor del cuello y le dijo que se largara inmediatamente. Mi tía se divorció, y vivió sola mucho tiempo, tan a gusto, sin complicarse la vida, con su trabajo y sin demasiadas preocupaciones.

Pero un día conoció a un hombre, a un hombre de verdad, con el que se sentía sujeto, que la miraba de una forma que ella, cuando nos habla de Raúl, que así se llamaba, sentía hormigas en el estómago. Raúl, que era muy buen tipo, un día en casa le dijo que se moría de ganas de darle un beso, y mi tía, en cierta manera tímida, se dejó llevar. Dice que fue el beso más bonito que nadie le había dado, se emociona al contarlo, y que nadie le había hecho sentirse así nunca. Así que ya a una edad avanzada, unos 50 años, decidieron emprender una vida juntos, mi tía le dio una nueva oportunidad al amor. Vivió los años más felices a su lado, la respetaba, la quería con cada gramo de su alma, y ella se sentía niña de nuevo.

Acordaros que ella tiene el gen Camarero, por lo que las alegrías siempre son a medias. Un día Raúl enfermó, y le pidió a mi tía casarse para que al menos, si a él le pasaba algo, le dejara el estado una pensión, ya que el anterior sinvergüenza no le pasaba ni una peseta. Se casaron, pero no duró mucho, a los tres meses de la boda Raúl no despertó. Mi tía lloró mucho, como siempre hace cuando la vamos a ver y nos cuenta cosas de su vida. Llora en bajito, en silencio, también habla sola porque se ha pasado casi toda su vida así. Y llora porque siente que cuando por fin encontró a su otro, a alguien no que la completaba, sino que la complementaba, la vida se lo arrebató de un plumazo. Y decidió que nunca más dejaría que su corazón se fijara en ningún otro hombre, no por cabezonería, sino porque ella ya se lo entregó a Raúl y no se veía capaz de amar a nadie más.

No fue suficiente ese halo de tristeza que siempre envolvió a los Camarero, que además mi tía tuvo que ver morir a su nieta cuando todavía no había cumplido los 4 años. Y ella siempre que nos habla de Lucía, se repite constantemente la misma frase: “¿y por qué no pude que ser yo, que ya estoy vieja y ya he vivido mucho, y no que se me llevaran a mi niña preciosa?” Pues porque la vida es injusta tía, básicamente.

 

Y ahora estoy yo aquí, pensando en ellas, en la vida que llevaron, en la de batallas que libraron y la cantidad de días que han sufrido, en un día como hoy, que se celebra que las mujeres no debemos dejarnos pisar, que es un día para recordar que tenemos los mismos derechos que vosotros, hombres. Que me siento objeto de deseo pero también sujeto, aunque lo de sujeto todavía queda camino por recorrer, como es normal. Que hay muchas mujeres que sufren tormentos diarios, palizas constantes a manos de, se supone, la persona que más las quiere en este mundo. Y que sinceramente me importa una mierda si el muñeco del semáforo lleva falda para representar a una mujer, cuando yo me siento muy mujer y no llevo casi nunca falda. Me importa lo que de verdad tiene valor, no ser un puto cero a la izquierda, no ser pisada, manipulada, insultada, amenazada…

Y pienso en mi pasado, que no debería, pero que por ser idiota me ha venido todo de golpe, y entonces una palabra resuena en mi cabeza, una palabra que no quiero asumir, que no puede ir conmigo, es imposible, con lo que yo soy. Si todo el mundo me lo ha dicho siempre, que tengo las cosas muy claras, que sé lo que quiero y lo que no, que no me amedrento con cualquier tontería… y sin embargo… es una lucha interior que no sé cómo librar. Intento dar un razonamiento lógico a todo lo que pasó, sé que tengo mi carácter y puedo ser dañina si me lo propongo, y aunque tengo trazas de gen Camarero no soy como ellas ni de lejos. Porque siempre había una frase dentro de mí: de buena era tonta.

Y no es el miedo a asumir, a aceptar lo que fui o en lo que me convertí, o lo que padecí. No es miedo a no saber lidiar con eso, es miedo a repetir sus vidas, las de ellas. O quizá ya se ha repetido y esta pequeña sacudida que me dieron hace unos días es simplemente un toque de atención para precisamente no caer en sus errores, ni por supuesto en los míos. Lloré, lloré mucho. Llorar en el metro cuando tienes que ir a trabajar es una sensación muy agobiante, mientras la gente te mira y se pregunta qué te pasa pero con miedo a que les sueltes un “a ti qué te importa” no te dicen nada. Y creerme que trabajar cuando lo que quieres es correr, gritar y esconderte, es algo que me ha pasado algunas veces y sé que me seguirá pasando, pero es de las peores situaciones que puedes vivir, sobre todo si alguien te pide explicaciones de por qué esa cara. Lloré por perder la estabilidad que tanto tiempo y esfuerzo me había costado conseguir, por volver a recordar esas veces que lloraba por la calle o en el bus mientras mi cabeza intentaba buscar una explicación lógica a lo que había ocurrido, y donde casi siempre la respuesta que me encontraba era un “tú sabrás”. Lloré por verme tan imbécil, por no saber cómo pude llegar a eso, por dar segundas oportunidades a quien no lo merecía, por no contarlo, por querer olvidarlo pensando que así no habría pasado. Lloré de rabia por sentir lástima de él. Incluso en los peores momentos me daba pena. Y yo que he intentado hacer las cosas bien, que estas historias sé que no son fáciles, que he intentado que haya cierta cordialidad… ahora siento tantas cosas que ni siquiera aquí las puedo expresar.

Con la sexología lo que aprendí es que las relaciones pueden ser de muchas formas, tantas como personas hay. Y me sirvió en cierta manera de terapia, para mí misma y para entender al resto de la gente. Pero lo que más me ha ayudado siempre es olvidar. Olvidar el dolor, el sufrimiento, los malos momentos. El cerebro es maravilloso y hace todo eso precisamente para que puedas seguir adelante. Para que todo se lleve mejor. Pero las personas que escribimos sobre nuestra vida, tanto lo bueno como lo no tan bueno, tenemos el problema de que es más complicado olvidar. Y encima si lo olvidas vas al año que sea de tu cuaderno y con leer te vuelve todo a la cabeza, con todos los detalles. Yo me he emocionado leyendo pasajes de mi vida que cuando las escribí estaba emocionada, me he reído leyendo las tonterías que se me ocurrían, y he vuelto a llorar con lo que me hacía daño.

No sé qué voy a hacer ahora. No tengo nada claro. Hay un pensamiento que siempre que estoy mal viene a mí: huir. Esconderme en cualquier rincón un tiempo y resetear. Pero tengo sentimientos encontrados porque estar sola si eres feliz es un punto bastante favorable, pero cuando estás en un bache estar sola te puede hundir más todavía. Y además estoy bastante reconciliada con Madrid, y tengo mucha gente a la que poder llamar a su hombro si lo necesito. Menos mal, te lo digo, menos mal que eso siempre, siempre lo tuve claro, nunca abandonar a tu gente, por muy bien que estés con tu pareja, nunca abandones a los que han crecido contigo.

Estoy muy revuelta, me siento como una barca pequeña, insignificante en medio del océano, con olas de 10 metros golpeándome. Siento que ha llegado la tormenta y que por más que busque una isla donde atracar no veo más que agua salada por donde mire.

Llevo años intentando quedarme con lo bueno, y he conocido tantos hombres maravillosos, ya no familiares o amigos que no les cuesta hacerte un favor, o decirte una palabra bonita en un determinado momento, sino seres que apenas conocía y me han hecho sentir cosas preciosas dentro de mí, cosas que hacía tiempo nadie me hacía sentir, sentirme viva en vida, y no al revés. Sólo un ejemplo, yo siempre me he movido en transporte, no he tenido problema en volver sola a casa porque mucho miedo no he tenido, o que he sido un poco inconsciente. Pero que te lleven alguna vez a casa es un detalle que es de agradecer. En los últimos 8 meses más amigos, amigas y conocidos me han acercado a casa o donde fuera, porque les ha dado la gana o porque no querían que me volviera sola, que en los anteriores años. Y yo que no estoy acostumbrada a eso, hasta me siento un poco mal por hacerles dar una vuelta en lugar de poder irse a sus casas directamente. Pero es reconfortante saber que hay gente que no le cuesta hacer ese tipo de favor. La primera vez que lo hizo un chico que ahora es bastante amigo, mientras recorría los 3 metros de la carretera a mi portal, me iba con una sonrisa de idiota pensando: hostia que esto es así, que no les cuesta tanto, que para ellos es normal… y me reí tanto. Y sí, por muy feminista que sea, por mucho que haya pasado, nunca podré meter a los tíos en el mismo saco, porque hay lobos con piel de cordero, que aparentan ser de una forma y luego son otra, que como amigos quizá chapó pero como compañeros tienen cero inteligencia emocional; pero hay seres maravillosos que aunque sólo pasen por tu vida un tiempo corto, dejarán una marca mucho más bonita y un recuerdo al que siempre llevará asociado una lágrima, pero esta vez de felicidad.

 

Anuncios

discriminar por razón de género

 

Nos han inculcado desde hace mucho tiempo los peligros de hablar con extraños, sobre todo si son hombres. Una vez fuimos a echar cv a una asociación de mujeres maltratadas y nos dijeron que no admitían hombres. Parece sensato? No voy a entrar en juicios de valor, pero el peligro en la mayoría de los casos viene de dentro.
Mejorar la seguridad, acompañarles con un tutor, hacer seguimiento… pero dejarles fuera por el artículo 33 no me parece una opción.
Nosotras hemos luchado (y seguimos en ello) para que nos dejen entrar en puestos teóricamente masculinos, acaso ellos son menos?
Puede que el principal problema es el miedo generalizado a darle abrazos y caricias a un niño si el que lo hace es un hombre, parece que no está bien visto.
Y luego queremos que ellos sean atentos, educados, cariñosos, comprensivos… pongamos nuestras mentes en orden, eduquemos por igual con el cariño y la comprensión hombres y mujeres, y entonces crecerán chicos que no tengan miedo a expresar sus emociones, que no dudarán en dar un abrazo y que tratarán a hombres y mujeres por igual. La educación es la base de todas las soluciones.

en estos años…

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 426 seguidores

lo que se lee

pasaron por aquí

  • 19.918

RSS novedad

  • Jumate
    Tengo que reconocer que no he sido del buen comer. Mi madre decía que era una milindrosa porque apenas me gustaba nada. Mi padre decía la frase: hambre de seis semanas, para referirse a mí cada vez que yo le decía que eso no me gustaba o que no quería más. Es verdad que ha […]

publicaciones por fechas

diciembre 2018
L M X J V S D
« Sep    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  
A %d blogueros les gusta esto: