En un abrir y cerrar de ojos

En serio ¿llevo desde abril sin publicar nada? Qué tristeza de blog.

Pero no vengo a hablar de eso. Quiero relatar lo que ha sido este año para mí. Año de soltería, se entiende.

Cuando ingresé en el club, una parte de mí tenía ciertos miedos, porque venía de unas relaciones pasadas largas, estables, casi continuadas, y ni recordaba lo que era estar sola y no dar explicaciones.

También sentía mucha curiosidad, expectación, ganas de salir y decir Ey, aquí estoy. Ahora si se acercaba alguien a pedirme un beso no tenía que decir la frase tan manida de Tengo novio. Ahora podía hacer lo que me saliera del unicornio.

En este tiempo he vivido un montón de cosas, también muchas primeras veces de situaciones, no hablo ya exclusivamente de índole sexual, sino de aventuras, locuras, retos personales, etc, que he sido capaz de afrontar y superar.

He conocido un montón de gente por muchas vías diferentes, gente estupenda que me ha tratado de maravilla, que me han hecho sentir cosas que hacía tiempo no sentía, me he sentido querida, apoyada, reconfortada, valorada, escuchada. He conocido muchas bocas, labios, lenguas, alientos, manos y pieles. He vivido en lunas de miel continuas donde el placer primaba por encima de todo.

Pero también he conocido el rechazo, el sufrimiento, el dolor, la incertidumbre, la incomprensión. Los distanciamientos sin sentido aparente, las respuestas de silencio que no aclaran nada, las verdades a medias, y un montón de cobardes.

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No me duelen prendas decir que quizá haya intentado ser un poco golfilla quizá por toda mi época (vida) de cortarme por prejuicios, miedos, rechazos, tabúes, complejos, pensamientos ajenos, etc. Siempre me pasé mi vida racionalizando cada encuentro, cada paso que daba, diciendo NO muchas veces a lo que SÍ me apetecía. Perdiéndome cosas por el qué pensarán de mí.

Estar soltera, disponible, ser cercana, cariñosa, agradable, generalmente simpática, divertida y natural, hace que muchas personas hayan visto en mí patrones de conducta que realmente no mostraban lo que parecía que se daba a entender. Evidentemente como sexóloga sé que a veces podemos confundir y confundirnos con comportamientos del otro, es una realidad y quizá por eso para mí lo mejor siempre es hablar las cosas. Aunque vivamos en una época de mejor no dar explicaciones porque parece ser que no son necesarias. Craso error, pero bueno, allá cada cual.

Como inciso, pero por todo el revuelo que está causando, no voy a explicar ahora lo triste que me pone esa medida que quieren sacar de que si en un encuentro no digo la palabra SÍ significa que si pasa algo han abusado de mí… la ola puritana sobre todo desde la izquierda es algo que llevo años que no comprendo, pero en fin, sigamos los profesionales intentando educar en la aceptación de cada ser y en divulgar las diferentes formas de seducir que tenemos los humanos.

Es curioso como hay personas que te dan unas cosas y otras no, quiero decir, que no todo el mundo vale para todo. Así que me he sentido como en un mercado, cogiendo a cada momento lo que me apetecía; y supongo que a la inversa también, usando de mí lo que a cada uno le ha apetecido. Puede sonar muy fuerte la palabra usar u objeto, pero es que lo somos, somos objeto de deseo para el otro sexuado. Otra cosa es que te traten también como sujeto y sientas que además de compartir fluidos eres capaz de compartir otras cosas.

En este año he visto un montón de sonrisas, de gente bonita, de personas con unas vidas increíbles, o con unas mochilas llenas de miedos, prejuicios, dolor. De cada ser que pasó un efímero tiempo a mi lado, me llevo algo, porque todos somos aprendizaje los unos de los otros. Lo que ya no sé es si a la inversa también pasará, no me queda claro si algunas de esas almas se habrá llevado algún trocito de mí. Bueno, sé que algunos se lo llevaron, pero porque en verdad yo lo entregué, no porque me lo pidieran.

Reconozco que viendo cómo nos relacionamos los milenials de hoy en día, la generación de los Cero complicaciones, Cero dar explicaciones, Cero casarnos, Cero tener hijos, Cero sufrir, Cero involucrarme demasiado no vaya a ser que vuelvan a clavarme el puñal… asumo que me ha costado un poco darme cuenta de algunas cosas. Cosas como que algunos tíos por muy liberales que sean y por mucho que digan que las tías podemos hacer lo que nos salga del toto, en verdad por dentro siguen viendo regular una mujer fresca y libre, o quizá la respeten pero siguen con ese pensamiento de la madre de mis hijos ha de ser una señorita. (pongo los ojos en blanco de la pereza que me dais con este tema). Cosas como que en el momento que una persona ya no interesa, en lugar de despedirse y decir Hasta luego Mari Carmen que vaya todo bien, es más común no volver a hablar. Ojo que lo hacemos todos y todas. Cosas como que hay gente que no sabe manejar sus emociones, que no está acostumbrada a analizarse y saber lo que quiere en su vida. Cosas también como personas que no saben ni aceptar un rechazo ni son capaces de rechazar a alguien de manera educada y desde el respeto. Y sobre todo muchísimas personas con el corazón cerrado por miedo a que alguien se lo machaque, casi siempre con experiencias de ese tipo y con bastante razón en comportarse así. Lo que pasa que en el fondo yo siempre pienso que en un corazón cerrado al final entra moho, humedades, crece musgo, telarañas, polvo, vamos que se llena de mierda. Y a la hora de comportarte después va a influir muchísimo en cómo lo lleves. Sin embargo abierto, al aire, se le nota más sano, más delicado por un lado pero por otro cicatriza antes, y sin miedo a los golpes porque la mayoría de la gente prefiere estar con personas que van enseñando el corazón sin ningún pudor. Ya lo dije hace poco, que mi culo no es el mismo de hace 10 años, pero tengo el corazón más bonito que nunca.

Es sorprendente la cantidad de cosas bonitas que me han dicho en estos 12 meses, la de abrazos que me han quitado la respiración, la de miradas que me han dejado la sangre paralizada, la de sensaciones increíbles que he sentido, los montones de mensajes de Buenos días, Que tengas buen día, Buenas noches, Qué tal te encuentras, Cuéntame que te pasa, Cuando quieras quedamos y lo hablamos, y por supuesto mensajes con alto contenido erótico que eso ya se queda para mis adentros. Y no olvidemos que mi actitud ante la gente que me rodea ha sido mayormente positiva, recíproca de todo lo anterior que he contado y me he abierto en canal hasta incluso más de lo que mi razón sabe que me conviene.

Dos de las cosas que más me ha costado afrontar en este tiempo han sido las desapariciones sin venir a cuento o yo al menos sin entender el porqué, de personas que me hacían mucho bien a nivel egoísta, porque aprendía de ellos, o por lo que me aportaban a mi día a día o por lo que sentía con su presencia. Y la otra gestionar los microduelos de esas pérdidas y sobre todo las relaciones Guadiana, que cuando crees que ya no vas a volver a ver, reaparecen de la nada y entonces otra vez a gestionar qué demonios quieres hacer ahora.

A nivel educacional quiero terminar con una reflexión que llevo tiempo dándole vueltas. Creo que debería haber más educación sexual para evitar casos tan feos de abusos, acoso, etc, y que los medios de comunicación también diesen notoriedad a la cantidad de gente que se conoce cada día, que folla de manera consciente, sintiendo lo que hacen, que viven su erótica y su sexualidad como mejor saben y sin hacer daño a nadie. Que nos mostraran que hay una mayoría de personas que hacemos lo que queremos y no hay mayor problema que el de buscar un hueco en la agenda. Y también considero que sería de bien general enseñar a los tíos y a las tías a tener amigos del sexo contrario sin que eso signifique nada más allá de una mera amistad. Asumir que no podemos gustar a todo el mundo porque no somos croquetas, asumir que habrá gente que nos encante y nosotros a ellos no, asumir lo contrario, asumir que a veces dos en una misma relación no están en el mismo punto ni lo van a querer estar. Asumir que a veces las personas pasan por tu vida un corto espacio de tiempo y que nunca más volverás a saber de ellas. Aceptar que las personas no podemos encasillarnos y generalizar en el Todos los tíos son… Todas las tías son… porque cada persona es única y cada relación también. Aunque evidentemente tenemos patrones de conducta que nos hacen tropezar con la misma piedra/persona/prototipo/iceberg/situación o lo que sea, una y otra vez. Pero al final no deja de ser también aprendizaje.

 

No tengo ni idea de qué será de mí en los próximos meses, por un lado sé que mi cuerpo pide un poco más de Pausa, calma, silencio*, un poco más de mente en lugar de cuerpo, un poco más de recogimiento en lugar de explosionar, pero no voy a dejar de ser quien soy, porque no puedo ser de otra manera, porque siempre he intentado hacer las cosas bien pero a veces no salen como nosotros esperamos. Seguiré siendo tan natural como los desastres, seguiré siendo una bocachancla que mete la pata por no saber cerrar el Vishuddha a tiempo, seguiré siendo un poco inconsciente, un poco volátil, un poco perdida, un poco insegura, un poco tímida, seguiré mandando textos bíblicos, y siendo una rallada de la vida. Ah! sí, y seguiré haciendo el imbécil con Sanapchat

Porque lo más importante es verse en el reflejo del espejo y asumir que eres tú, con todo el caos y toda la magia. Y quien no te acepte tal cual eres, que recoja sus cosas y se marche por donde ha venido.

 

*Pausa, Izal.

 

 

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cruces

El destino es curioso. El destino puede hacer que nunca más en tu vida te vuelvas a encontrar con tu amigo de la infancia, al que no ves desde los 12 años, ni puedas saber qué tal le va, ni dónde estará viviendo. Sin embargo es el mismo que hace que te cruces con algunas personas varias veces, sin saber muy bien por qué.

El otro día le volví a ver. Sigue como siempre. Con su melena larga, su coleta, sus ojitos tan expresivos. Siempre que le veo me pasa lo mismo. Por un lado tengo ganas de acercarme y saludarle, y preguntarle si se acuerda de mí. Por experiencias pasadas imagino que no mucho. Han sido varias veces las que le he vuelto a ver en los últimos años. De hecho el año pasado me lo encontré en el metro a la ida y a la vuelta, que fue un poco extrañas coincidencias porque qué probabilidades hay de que pase eso, con la de trenes que pasan y la de gente que hay en el metro.

Él nunca sabrá que en el cole me gustaba, tampoco se lo conté a nadie, yo era muy rara para esas cosas. Me gustaba en un sentido inocente, me causaba mucha ternura y su forma de hablar como si tuviera algo pegado en el paladar me fascinaba. Tampoco se imagina que en el viaje de fin de curso me ponía nerviosa por las noches pensando que dormíamos en la misma habitación. Sí, en 1998 te ibas de viaje con amigos y amigas y las habitaciones eran mixtas. Yo ahora lo pienso y no sé muy bien de dónde salió ese grupo con el que habité. Él además, era de la otra clase. Recuerdo mucho ese viaje, por muchos motivos. Y por supuesto dentro de esos recuerdos está la noche que me fui a la habitación de unas chicas que conocí allí, a charlar, y pasó sonriendo y con una vergüenza encima que le hacía más mono todavía, preguntándonos si alguna queríamos rollo. ¡Qué tierno! No le contesté pero por dentro pensé que no me importaría. Evidentemente esa pregunta no iba dirigida a mí. En los años de cole casi no hablamos. Y en ese viaje sí nos conocimos un poco más pero como era tan tímido siempre, nunca supe si podría ser por mí o por su forma de ser. Tampoco he sido yo muy buena en esto de ver la seducción.

Hicimos un baile de final de curso, en el centro cultural de al lado del cole. Él estaba con otros amigos haciendo un baile de un grupo famoso de los 90. Estaba muy guapo, con la ropa ancha en plan rapero. Por entonces ya se estaba dejando el pelo largo.

Hace unos veranos le vi en una fiesta por el Matadero, le miré buscando si me reconocía o le podía sonar de algo. Su mirada fue esquiva y me acabé yendo de ahí. Yo en esa época no me veía con muchas ganas de flirtear.

Siempre que le veo pienso lo mismo, que quizá ya no me ponga el destino otra vez en su camino. Aun así todo seguiría igual, yo no le miraría apenas, él no se acercaría a saludar. Y se repetiría una y otra vez la misma representación. Sólo que con más años a nuestras espaldas.

por el camino voy, piedras encuentro.

 

Mantener la sonrisa como actitud ante la vida, ante los contratiempos, ante las injusticias. A veces no es fácil. A veces me empeño en sonreír pero la nube que ronda mi cabeza no me deja. Una nube gris, espesa, masticable, que cada día va creciendo. Una niebla que llega con pensamientos oscuros.

Me miro a mí misma, me introduzco en mis pupilas, me busco, me encuentro. Me gusta el reflejo. Por fin, después de tantos años sin mirar el espejo, ahora ya lo atravieso.

Pero el nudo de la garganta me impide tragar. Y una lágrima brota de mi ojo. La dejo que asome, pero que no baje por mi rostro. La contengo como a un perro atado a una cuerda ansioso por ir a por ese palo. Si la dejo escapar vendrán más con ella, y no quiero empezar a brotar.

Desde hace años me dije que iba a buscar mi camino a la felicidad, y en esas estoy, pero siempre hay algo que falla. El yoga me ayuda a controlar la ansiedad. El nudo de la garganta baja por el estómago. La música me ayuda a no pensar, quedar con gente me ayuda a no pensar. Hablar por whatsapp me ayuda a no pensar. Sí, lo admito, renegué de él tanto… ahora es mi ventana a lo desconocido y a los conocidos. Pero ya nadie me controla mi última conexión, ni me escriben insultos. Ahora sólo leo palabras bonitas, conversaciones entre amigas que dan para varios libros eróticos. Muchas risas.

Me gusta mi barrio, me gusta mi casa, me gusta mi independencia, me gusta mi libertad de entrar y salir, de hacer y deshacer, de quedar o pasear en soledad. De gritar, de bailar, de reír. He hecho las paces con Madrid. Le estaba cogiendo el gusto. Me encanta conocer gente, y quiero seguir conociendo. Y conocerte más. Y conocer a más. Pero si mi futuro se tuerce como la nube a veces me hace ver, tendré que coger la maleta e irme. Probar suerte en otro sitio. Y me va a dar mucha pena. Stop. Contención. Respirar hondo, pensar cosas bonitas. Tus ojos claros me ayudan. Tu sonrisa perfecta me viene bien. Tus ganas de cenar conmigo me alientan. Tus ganas de que nos veamos en persona me animan. Tus manos son un chute de energía.

Ya ha pasado. Despejo la nube, un rato, se aleja. El teléfono sigue sin sonar. No entiendo qué hago mal. Tarde. Brotaron varias. Surcos por mis mejillas. La gente es la ostia. Tienen confianza plena en mí, me animan cada día porque tarde o temprano llegará. Mi tiempo se acaba. Tengo suerte de tener un respaldo, pero es uno breve, a corto plazo. No me quiero ir joder. Ahora no.

Ya he bajado el listón, ya me vale cualquier cosa, y ni con esas. Yo que apagué siempre el móvil por las noches para que nadie me molestara, ahora cada mañana me despierto pero siempre es lo mismo: mensajes, correos electrónicos, gente maja que se acuerda de mí y me manda más ofertas, a las que echo a todas y cada una aún sabiendo que no doy el perfil. Pero cero llamadas. No desesperes me dicen algunos. Lo sé. Tarde o temprano saldrá algo. Eso quiero. Me gustó el sabor salado de las lágrimas desde niña.

Otro lunes al sol, y otro martes que vendrá. Un amigo me ha escrito: no es porque no valgas, seguro eres excelente profesional, simplemente no te conocen, ni hacen por conocerte, eres un número más. Y me han dado ganas de derrumbarme y abrazar a la primera persona que ha pasado por mi lado. Pero no he hecho ni lo uno ni lo otro. Soy más de llorar bajito, en el calor de mi habitación. La magia atrae la magia, me dice otro amiga, y estás en un momento mágico. La pena que no creo mucho en la magia.

El cine es una buena escapatoria a los malos pensamientos. Tengo varias pendientes. Mañana… ya pensaré.

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